Stronger than me #Amyforever #Whitehouseisalive

Sabes, debieras ser más fuerte que yo

Tú estuviste siete años más por aquí

¿Pues no se suponía que eras tú el hombre?

Nada comparado a lo que sabes que soy

 

Siempre lo quieres decir así, y no me importa

Yo siempre debo confortarte cuando estoy

Pero lo que necesito que hagas…

Acaricies mi cabello…

Porque he olvidado todo gozo del amor

Porque quiero sentirme una mujer y que tú seas mi hombre…

 

Sabes, debieras ser más fuerte que yo

Y sin embargo te pareces a ese puñetero pavo congelado

¿Por qué consigues siempre que tome el control?

Pues todo lo que necesito para mi chico es que asuma este juego

Siempre lo quieres decir así y es perfecto

Y siempre tengo que consolarte, ¡cada día!

Pero lo que necesito que hagas…

¿Es que eres gay?

 

Porque he olvidado todo gozo y todo placer

Porque quiero sentirme una mujer y tú mi hombre…

 

Él me dijo: “Fue el respeto que conseguí ganaras

pues pensé que tenías muchas lecciones por aprender”

Yo le dije: “No sabes que el amor es un abrazo”

Y suena como si lo leyeras de uno de esos viejos y gastados guiones

 

Ya no conoceré jamás a tu madre

Solo quiero abrazar tu cuerpo, enlazarme

Por favor, dime, ¿por qué piensas que es todo esto un crimen?

 

¿Cuándo fui olvidando todo gozo y tu placer?

Y quisiera sentirme una mujer y tú mi hombre…

 

Sabes, debieras ser más fuerte que yo

Sabes, debieras ser más fuerte que yo

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¡Seamos otro año más! #Notmywaybutours #Forwhatisaman

For what is a man, what has he got?
If not ourselves, then he has naught

 

Y ahora que todo está sucediendo y la vida se nos va un año, dos o diez

He de confesar que me confundo cien veces al día,

Y que antes de irme a la cama me equivoco

Y doy marcha atrás y retuerzo los sueños

Y me siento pesado y confuso

Y te hiero tantas veces

 

Pero lo hago sin maldad porque

Tal vez sea pequeño

Pero mi corazón es grande

 

Grande como un toro que cornea el firmamento

Y moja la luna con la sangre de la existencia

 

Y que te coge del brazo, lo menea y te dice

Que no habrá ni más días ni más noches

Cuando esto termine

 

Que las metas y los sueños aparcados serán polvo gris de firmamento

 

Y que si mis formas son horribles

Recojo mis tropiezos y barro los platos rotos

No podré sino apuntar al infinito y pedir que

Not my way… but ours, since the wind blows!

 

El hombre que firmó un trato y dio su palabra al viento

El hombre que cruza los arrabales y suspira con el ceño fruncido

El hombre que se hace viejo y confía en hacer de su camino el gran camino compartido,

El hombre que hoy cumple años:

Este hombre-mayor-niño

 

Este que hoy sopla otra vela y desea recuperar lo que  fue

pues siempre mantuvo dentro un mar de esperanzas

Y es que las prisas son tan malas

Que quiero que sepas

 

Que el no mirarte

No justifica mi cobardía

y porque tengo el corazón rebosando compasión

solo necesito encontrar la llave que me permita

Perdonarme.

 

 

 

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El gran mamporrero de la España cañí y la #Posverdad #Post-truth #AlgorithmicPolitics

Lo llamaron posverdad pues sonaba pijo y culto, más respetaba cierta mesura y bajo mi antojo lo convertía en un concepto lisonjero y justificable. Luego invocaban a pensadores abstrusos, occidentales en su mayoría, de esos que viven ojipláticos en los campus de Oxford o de La Sorbona, estrujando la realidad liquida (que luego me enteré que no mojaba ni na) y por eso nos dimos cuenta de que teníamos por delante nuestra última oportunidad. ¡Eaa! ¿Y qué sucede cuando le das a quien te quiere escuchar exactamente y exclusivamente lo que quieren oír de ti! ¡Tienes un triunfo en las próximas selecciones!
De las estadísticas aprendimos que las cosas suceden pero que no nos importa su porqué ni la causalidad de los acontecimientos. Yo de esto no entiendo ni pá aunque las universidades están llenas de geniecillos. Por eso me colé y rebusqué hasta encontrar un Data-Think-Lab y les plantee el reto: construyamos la neo-ideología que arrase, la que disponga de los mejores predictores algorítmicos. Se sonrieron y hablaron entre ellos hasta el que se había erigido de portavoz me chistó e impuso sus condiciones:
―¿Pero que sea una qué mole!
No sabía que contestar. Allí mismo recluté al equipo a completo.
Había llegado un momento que uno dudaba de todo. Antes recuerdo lo fácil que era nuestra profesión: que si Marx, que ni el Liberalismo o la Socialdemocracia. Existía un argumentario de enfrentismo y división, eso era todo lo que había que construir. Pero se nos cayó el telón de acero y fracasó la posmodernidad y uno se sentía vivir en una noria entre la izquierda gerontocrática y la derecha proletaria; todos los caminos, ¡todos!, los heréticos o los falsados inclusive, habían sido recorridos y estaban ocluidos.
A los viejos líderes del partido les quedaban tres telediarios y apostillaban en sus discursos con las viejas hazañas, esos grandes momentos donde esquivaban a los grises y promulgaban libertad y sexo a grito pelado y pasquín en mano. Ahora entre solomillo y botella de vino resoplaban y decían que nosotros, los más jóvenes, lo tuvimos todo gracias a ellos y que nunca habíamos luchado por conseguir nuestra prosperidad. Que éramos unos desleales con aquellos ideales por los que tantos habían muerto y a los que dábamos la espalda. Luego tosían y trataban de no atragantarse con el hueso de la taba. No era cuestión de terminar en urgencias por cualquier sarao.
En resumidas cuentas: yo no era tan viejo como para permitirme el lujo de sobarme y dejar que los canticos de tiempos pasados acunasen mi retiro, ni tan joven como para clamar por la inexistencia de las estructuras político-sociales, pues también era tarde para que me dejara greñas y decidiera un camino sin un destino en concreto. Y aquí me tenéis, un político con hipoteca y compromisos de partido y presupuesto y resultados y qué sé yo más por… joder, todos nos miran y no paran de pedirnos, una cosa cualquiera y la contraria, ¡todas al mismo tiempo!, que si renta básica y despido libre, que si subvenciones a la pesca y a la vez protección a los caladeros por cuestiones ecológicas, que si aranceles comerciales a la par de un impulso del comercio interoceánico… la mayoría de las ocasiones no entendía nada de nada y echaba de menos aquellos ideales prósperos y señeros; maoísmo, sionismo, nacionalcatolicismo, qué se yo, caminos sencillos por recorrer y declamar a la especie humana: ¡todos pa’ya!
Les prometo que ser político en el s. XXI es complicado. La gente no es tonta y nos ve con facilidad el cartón o el plumero, y tenemos que ingeniarnos mil argucias para evitar ir al grano, para explicarles que tenemos poco dinero (y cada vez menos) y que básicamente nos pasamos el día en ardua contradicción y deslealtad.
De aquí que haya pensado en los números. Nunca me gustaron especialmente y sin embargo me echo en sus brazos como el vejestorio sobre la amante furibunda. Veo a estos chavales míos dale que te pego con los filtros Bayesianos (sean lo que sean), las redes neuronales (donde quiera estén entre las carpetas de sus portátiles) y cuando me llaman y me explican y me susurran que este tema la peta, yo me deshago en halagos. Luego contratamos a youtubers, a trenders, y aprendo de viralidad lo que no está escrito. Lo llamamos el funnel-ideológico. Solo hay que determinar la mayor preocupación de nuestro segmento de electorado y la respuesta razonable maximizada, descubrir a tu audiencia, clusterizarla y… en fin, mil palabros de los neopolíticos, tecnicismos de salón que no pienso descubrir aquí.
Lo llamáis posverdad si bien estáis equivocados. Esto es puñetera algorítmica. Toda palabra que pronuncio tiene su perfilado, toda promesa su público medido, toda falsedad su contraverdad comprobada. Nada importa salvo la tasa de adscripción y la recurrencia del votante. Uno dice lo que se quiera oir y la realidad viene… después y nos corrige. ¿pero quién tiene huevos para enfrentarse con la señorona realidad?¿Acaso no visita todos los días nuestras casas para poner el orden histórico y dadnos lo que nos quitaron por justicia y si ella y también lo contrario!
¡Pues riamos, gocemos hasta entonces, juguemos a ser ídolos de paja, practiquemos la algopolitics a destajo!

 

Cortesía de http://tren-digital.cl/democraciadigital/

 

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#CondenaalatentadodelManchesterArena #Allaganistterrorism

Hoy se asesinan nuestros hijos en el Manchester Arena… sin sentido. No existe dolor suficiente que recoja el pozo del cadáver de una vida cercenada. No existe grito de madre o de padre que podamos acallar, y tan solo lo recibimos con nuestras lágrimas y los brazos rotos. No hay diente por diente, vida por vida. Todas y cada una de ellas son tan valiosas como las gotas de la lluvia que nos empapa. Todos importamos, blancos o negros, azules o amarillos y no existe ideología ni religión que se describa a sí misma como exterminadora.
Desde España, este abrazo.
Han matado y no sabemos ya por qué. Estas palabras de Julia no son tan siquiera un consuelo…

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Girl From the North Country #Dylan #Morethan anovelprizeinliterature

Si viajas al Norte
aquel Norte donde los vientos golpean con fuerza
recuérdame a la que vivió allí,
aquella,
porque hace mucho tiempo que fue mi gran amor.

Si vas en los días de tormenta
cuando los ríos se hielan y el verano termina
mira, por favor, si ella aún conserva su cálido abrigo,
aquel,
el que la protegía de los vientos que aúllan.

Y mira, por favor, si aún su cabello le cuelga
y si se enrolla y le serpentea por el pecho.
Míralo,hazlo por mi,
si aún es,
aquel,
tan largo
porque es así como siempre la he recordado.

Yo me pregunto si aún le restan recuerdos míos,
muchas veces imploré por esto
en la oscuridad negra de la noche:
imploré por
ellos
en el fragor fulgente de la mañana.

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Redemption Songs #BobMarley #Libertadennuestrasvoces

Aquellos viejos piratas fueron, sí, los que me secuestraron
los que me vendieron a los traficantes,
fueron minutos después de arrancarme
de la cueva honda y negra.

Pero mi corazón se hizo tan fuerte
gracias al todopoderoso:
y construimos y empujamos esta generación
triunfante.

Ayúdanos con la canción de libertad,
recordemos cuando todo lo que teníamos fueron
nuestras voces de
redención.

Emancípate de la esclavitud mental,
nada salvo tú podrás librarte de esta dejada condición
y ya sin miedo a la bomba atómica
nada detendrá nuestro tiempo.

¡Durante cuanto más dejaremos matar a nuestros profetas!
y que permanezcamos testigos, apartados, contemplando:
Algunos nos engañan y dicen que todo estaba escrito
y que tan solo tuvimos que cumplir esas viejas promesas.

Won’t you help to sing
These songs of freedom?
‘Cause all I ever have
Redemption songs
Redemption songs
Redemption songs

 

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El patrullero y su Banda Navideña #FelizNavidad2017 #LasNavidadessonporloquesecomparte

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Sé que muchos buscarán sentido a mi historia. Sea para ellos, para que alimenten la esperanza en esta Navidad. Para el resto, decirles a su favor, que no puedo demostrar nada. Que no guardo prueba, salvo la de mis recuerdos y la de mi frágil memoria, y que de seguro errarán en sus detalles. Pero que esto que ahora les cuento lo viví, créanme, tal cual lo cuento. Y que si es mi imaginación la que les engaña, pues lo hace sin malicia: y sean estas palabras inocentes.

Decirles cual es mi oficio: el de patrullero. Recién licenciado de la escuela de agentes, había sido asignado a este destino. Y que aquella noche tendría una de mis primeras rondas, aún a pesar de ser la víspera de Navidad. Y no patrullaba por las calles céntricas y hermosas, repletas de colorines, lucecitas y árboles en los centros de las plazas. Pues lo mío serían los extrarradios, las barriadas y los despoblados donde la gente humilde habita. Mi compañero de patrulla solía decirme que no me preocupara, que peores negocios se hacían en el centro y que era más sencillo velar el sueño y la seguridad de todos aquellos ciudadanos de nuestra ronda. Y como soy persona cumplidora, así lo entendí y así lo hacía con ilusión. Sin embargo, aquella fría noche de Nochebuena, dispuesto a realizar el servicio, me sentí especialmente solo y desvalido. Y mi compañero, nada más arrancar y tras pimplarse su habitual bolsa de nachos, se quedaría profundamente dormido: masculló algo que entendí como «Feliz Navidad, amigo, ahorita no me moleste», y comenzó a roncar más alto que la bronca bocina de nuestro auto de patrulla.

Las primeras horas fueron aburridas y no sucedió nada en particular, salvo quizás algún perraco al que casi atropello en un descuido. Finalmente, hastiado, me detuve, dejé a mi compañero siempre dormido, guardando con su siesta el auto, y entré un instante en una cafetería a tomarme un chocolate. Mientras removía los posos del vaso, una extraña visión captó mi atención. A través de la vidriera, y a lo lejos, un hombrecillo disfrazado de Papá Noel trataba de escalar una tapia y de entrar en una casa. Portaba un saco inmenso de tela, casi tan enorme como él, que con extrema dificultad arrastraba consigo. Me froté los ojos. Estaba solo en el local y el camarero había entrado un instante al almacén. Nadie más pudo verlo. Continué mirando y me sonreí. El hombre, que había conseguido llegar a lo alto del muro, se colocó a horcajadas, y cuando estaba a punto de alcanzar un canalón para ascender a la vivienda, resbaló, perdió el equilibrio. Cayó, y debió ser un fuerte golpe, puesto que no se levantó ni se movió. Asustado, salí inmediatamente del local, crucé la calle y fui a su encuentro. Al llegar, seguía todavía en el suelo, inconsciente, tumbado en el suelo, si bien, por fortuna, nada grave le había sucedido, salvo por alguna magulladura. Le intenté despertar. Di aviso a la emisora y mientras llegaban, el tipo abrió un ojo y luego otro. Los tenía, creía ver por la escasa luz, azules, muy hermosos, casi como dos lunas. Comenzó a hablarme en un idioma que no entendí, aunque evidentemente yo sabía a que se refería, pues estaba perfectamente entrenado para estas situaciones: porque prudentemente lo había inmovilizado con las esposas, en previsión de una agresión. Yo me sonreí, malicioso, y comencé a hablarle como si me entendiera:

―¡Menudo trajecito has escogido!¡Y menuda noche para ir a molestarnos!

Luego miré dentro del saco, y vi la gran cantidad de juguetes y notas con nombres y direcciones.

―Veo que ya has hecho de las tuyas. Te debería dar vergüenza, robar a esta pobre gente los regalos que con tanto esfuerzo han conseguido para sus hijos.

El hombre me miraba e intentaba justificarse y señalaba sus manos.

―Deberías haberte descalabrado ―insistí, recriminándole su vil acción

Estaba malhumorado y quizás, en mi enfurruñamiento se me ocurrió una gran idea, una brillante idea para una noche como esta. En la academia me hablaron de fechorías y las habíamos estudiado de mil tipos. Pero siempre había un límite: ¡y aquello lo superaba a ojos vistas! Inconscientemente volví a llamar por la emisora y anulé los refuerzos. Expliqué que había sido una falsa alarma.

―¿Sabes lo que te digo?… que hoy vamos a hacer tú y yo una buena acción navideña.

Ayudé a levantarse al tipo, que a la luz de la farola aparentó ser mucho más viejo y gordo de lo que me había parecido inicialmente; era un vulgar ladronzuelo.

―¿Pero es que no tienes nietos?¿Cómo le da a tipos como tú por destrozar ilusiones de los infantes? ¡Entrar en todas las casas de un vecindario y robarlos! ¡Vamos!

Los dos juntos ofrecíamos un espectáculo lamentable. Imaginen, un patrullero, casi estrenando su uniforme, al lado de un falso Papá Noel, con su viejo traje raído de pega.

Entramos un segundo al bar y le pedí un café. Dije:

― ¡Rápido! Aquí nuestro amigo tiene trabajo que hacer.

El camarero burlonamente se río de nosotros y con la mano señaló otra vez fuera. Giré la cabeza y entonces vi a tres tipejos muy feos y más bien bajitos que nos miraban, y mientras, pegaban saltitos e intentaban auparse. Al darse cuenta de que les habíamos descubierto intentaron disimular. Le dije al camarero que vigilara al Papá Noel un instante y salí fuera. Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que los tres secuaces eran realmente pequeños, apenas me llegarían a la cintura y tenían pelo poblado y largas narices retorcidas. Llevaban unos disfraces verdes cubiertos de una suave lana, similar al traje del falso Papá Noel. Tenían gorros verdes, rematados en bolas blancas. Se pusieron a hablarme muy rápidamente y a señalar a otros sacos que portaban con más mercancía robada. No se les entendía nada, pero yo ya lo tenía claro: Lo que faltaba, saqué mi revolver reglamentario y les apunté. ¡Había descubierto a una banda entera de malhechores navideños!

El camarero, entre risas y frases guasonas, que yo reprendí rápidamente con responsabilidad, me sacó al fraude de Papá Noel y lo alinee junto a los tres diminutos amagos de duendes. Les solté una charla impresionante, siempre he pensado que esta gente hace estas cosas terribles sin entender el daño que causan. Al concluir, orgulloso, les hice recoger los sacos y detrás suyo, comenzamos el reparto.

Así fuimos casa por casa del vecindario, a devolver los regalos que ellos antes habían robado. Pensé, que dadas las horas, y para no crear disturbios de orden público al asustar a sus moradores, tendríamos que dar una plácida imagen navideña, y mediante gestos les expliqué a estos malandrines cómo deberían comportarse en las sucesivas visitas. Inclusive les enseñé a tararear y a acompañarme con una deliciosa imitación de Jingle Bells. A mi parecer, estábamos preparados para devolver toda la ilusión navideña a estos desconsolados vecinos del barrio.

Como digo, fuimos casa por casa. No faltó ninguna. Llamábamos, y dada la hora, salía el padre asustando y velozmente, y previa identificación de mi oficio de patrullero, procedíamos a entregarles sus regalos, tras filiar a sus hijos. Los niños de la casa miraban por la ventana, por entre las cortinas, se reían abrazados a la madre, y no paraban de señalarnos y saludarnos o lanzarnos besitos. Imagino que les impresionaba mi placa, y sobre todo como manejaba y organizaba a todo un grupo de desalmados.

En una de estas viviendas salió un pequeñajo a las escaleras a recibirnos. Me asusté, pero me ignoró, y se dirigió directo al Papá Noel, y sorpresivamente le propinó un fuerte tirón a las barbas postizas. Por suerte y misteriosamente, el desalmado las debía llevar bien sujetas, pues no se cayeron. El viejo no se inmutó y hasta sonrió alegremente al niño. ¡Qué raro!

Pero les juro que salvo algún incidente como este, fue una gran noche. Todos los niños recuperaron sus regalos. ¡Todos!¡No faltó ninguno!

Al llegar el amanecer, y habiendo repartido todos los sacos con los regalos robados, di por concluida la misión. Nos juntamos en un jardincillo y repetí mi soflama, a los que ya, en cierta medida, consideraba mi pequeña Patrulla Navideña. Ellos me miraban con la misma cara de sorpresa de un principio y hablaban entre ellos, preguntándose no sé qué, sin yo entender palabra. No importaba su aparente falta de estilo navideño porque yo sabía que algo había transformado en sus corazones. Porque ser bondadoso los agranda. Y que aunque feos y bajitos, hoy serían un poco mejor que antes. Me despedí, recordándoles lo importante que es cumplir siempre con la ley. Y quedaron allí, en el jardín, montando en lo que parecía un extraño carro tirado por mulas con cuernos postizos. ¡Oh, Díos mío!¡Esos tipos son imposibles, espero que no lo hubieran robado a mis espaldas!

Fueron tiempos extraños pero emocionantes. Yo era muy joven y no creía en esas tonterías de Papá Noel y los Reyes Magos, y ahora me doy cuenta de que es mentira todo lo que antes pensaba.

Al regresar al coche patrulla, realmente estaba de excelente humor. Amanecía un precioso día de Navidad. Mi compañero se comenzó a desperezar y alagó lo bien que había conducido. Sonrío y echo mano a una nueva bolsa de nachos. No había sentido nada de nada, ningún frenazo, ni quiera el ruido del motor. Me hice el despistado y evidentemente no le conté lo sucedido. Porque esta es una aventurilla entre ustedes y yo.

Era ya momento de retornar a la Central y ceder el turno al siguiente patrullero. Tendría tiempo aún de pasar por una churrería y coger algún chocolate con porras, y despertar a mi amada familia.

Había nacido el Señor, y era momento de celebrarlo en Navidad.

navidad-2017

 

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Miss Celie’s Blues #Thepurplecolorinsidemyheart

Dios sabe lo lejos que está el mar si no llueve,
y en el desierto los despertares son
amanecidas sin esperanza;

Pero, oh hermana, no sé hacer nada salvo cantar tu blues
y quisiera dejar claro que vivo ahora desnudo
y mi corazón desnudo
imita todos tus latidos.

Y quisiera ser una ballena blanca
o un toro
o un huracán
o la luna misma, tal y como tú eres;

Y preciso y persigo tu soledad,
porque eres a perpetuidad
Fuego,
y no habrá lluvia fina ni noche negra
que te apague.

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