El gran mamporrero de la España cañí #políticahoy

Los más envidiosos le llamaron «el gran mamporrero cañí» y querían así en parte denigrarlo, en parte auparlo a su merecido pódium de villano; eran aquellos que no alcanzaban las secretarías más sabrosonas, aquellas trufadas de influencias, de viajes colosales y de colosales Comisiones por presidir. Eran los envidiosos que no habrían de conseguir ningún beneficio ni parabién en su oficio político. Pues cuando lo que otros hablaban era… neta y mera torcedumbre, postureo, alarde fútil… era un mero «rasca-rasca», un complacido derrape y tontorrón aplomo para las conciencias. Era repetir un dale-que-toma cansino, un qué-se-yo desesperantemente escuchado siempre antes; él, no obstante, fue el canto del cisne e iría cien pasos por delate del resto… pues con orgullo abría su bocaza y simplemente al hablarnos… nos mentiría… Y nosotros, todos, allende fuera nuestra simpatía le creíamos y le seguíamos, tal cual la luz del día persigue al sol. Y la razón de su comportamiento y de sus patochadas tenía su cierto quid práctico: creo que pensaba… «si nada sirve ya en esta ágora social, por lo menos que el corazón se ilusione y rule y siga unos pasitos más para delante». Muchos le escupían y se hartaban de llamarle populista. Él les llamaba los tristes de corazón. Esto me lo contó con una fanta después de un apasionado mitin y mi corazón entregado a sus pies. Yo fui por un tiempo uno de sus discípulos. Tomé su pan y bebí su vino de primera mano. Él era un enorme ser. Un humano que refulgía. Vivía de los demás, era un absoluto servidor público. Quiero decir que no quería (aparentemente) el dinero de nadie, y era pobre de solemnidad (aparentemente) y me decía que en su cuenta no se guarda un chavo ni robado ni mal conseguido. Le gustaba chupar cámara para imaginarse un mundo más feliz. Y decía que el amor era un parabién por distribuir entre todos. Y decía que esta era su enorme misión en España. Pero el «mamporrero cañí» no sabía por entonces que no sería inmune a los miles de venenos y trampas de periodistas, contertulios y compatriotas de partido. Este sufrimiento, esta pasión, esté manto de espinas le hizo doblemente noble: dijo que nos amásemos los unos a los otros y prometió la redención de nuestros pecados. Y si nunca sucedió ni se cumplieron las promesas… fue porque fiarlas a sus palabras era un brindis al sol. Pero si todo lo que nos dijo fueron mentiras… ¡qué mejores mentiras nunca hubo por admirar! Fueron meses hermosos mi caminar con el «el gran mamporrero cañí». Comprendí que faltan muchos hombres como éste en nuestra política. Porque a falta de héroes… al menos tener villanos que merezcan nuestra condescendencia…

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Elohi, Elohi, lema’ šĕbaqtani (“Señor, Señor, ¿por qué me has abandonado?”)

―¿Por qué existen las fronteras, mi Señor?

―Para salvaguardar a los dueños de los otros dueños y señores.

―¿Por qué desaparecen a veces las fronteras, mi Señor?¿Por qué se unifican los reinos en otros, más grandes y poderosos?

―Para dignificar a los amos; unos dicen que crecen con más siervos, otros que la libertad atraviesa sus fronteras y los engrandece.

―¿Por qué luego han de multiplicarse en número los reinos, pues se dividen sus territorios de nuevo, mi Señor?

―Allende las cosas van, deberán luego ser otras; es un juego de cadenciosos equilibrios el que se procura en el hombre. Obsérvalos.

―¿Por qué mi Amo y Señor los menos cruzan siempre estas fronteras en carroza dorada y los muchos lo hacen en malas condiciones y cuajados demiseria?¿No son todos hechos a tu imagen y semejanza?

 Fue entonces que Dios no dio respuesta alguna y masculló un reprobatorio.Apartó su rostro del Ángel Caído y de entre las alturas señaló las hileras de cuerpos desgraciados, corpachos hacinados en aquellas lindes de países sin nombre. Aquellas gentes se habían arrastrado por miles de kilómetros, habían atravesado desiertos, selvas y mares. Portaban los corazones calcinados por el dolor, y eran sus familias, las que gritaban:

―Elohi, Elohi, lema’ šĕbaqtani (“Señor, Señor, ¿por qué me has abandonado?”)

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La diferencia entre lo cierto y lo irrelevante

La diferencia entre lo cierto y lo irrelevante suele habitar en un lugar ameno al parloteo humano. Los conspiradores y los políticos comprenden dicha diferencia y al dedillo la explotan. Los magos también utilizan habilidades similares… y por eso convierten el agua en vino, ¡ojo!, siempre en este sentido, nunca al revés. Los sabios suelen ser discretos, y nos explican que la verdad mide y pesa exactamente la misma cantidad. Por eso no presentan magazines, y si escriben libros es complicado que terminen en nuestras mesillas y los aplaudamos.
Si miras al reloj y esperas una respuesta rápida a tus problemas te invito que cojas un número más en la fila de la vanidad humana. Sus mentiras tendrán las patas cortas… ¡pero las muy jodidas se camuflan que da gusto! Por eso las amantes y las pitonisas suelen pensar lo mismo cuando las preguntamos: lo pronto que me vienes y lo mucho que molestas… muchacho. En eso último lo cierto y lo irrelevante prácticamente coinciden.

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El español salvaje de Spanish Texas mañana en Alcalá de Henarés en @Notthillbook

A J. le gustaba pasear de vez en cuando con este Félix, le parecía un tipo un tanto particular, un escritorzuelo ingenioso de gran corazón, aunque quizás pelín pedante. Creo que aquel sentimiento de amistad era recíproco, con sus altibajos, claro está. No era que J. fuera un vago o un putero en sentido estricto; no era que se quedará prendido entre las faldas o el sujetador de la camarera en todo momento; tampoco que en sus eternos paseos hablarán de grandes temas, fundamentalmente guardaban silencio. J. se consideraba un esteta, un filósofo del sol y sombra abocado a perseguir fulanas y familias desestructuradas.
En aquella ocasión y para aquel encuentro habían escogido Alcalá de Henares. De noche aquella ciudad vuela. ¡No será por las cigüeñas, que por entonces duermen!, se bromeaban y era la excusa para que Félix le explicará a J. sus desesperaciones: aquello de escribir es casi como un deporte de lucha, un chute metódico, un sueño y un puñetero paraíso.
―¡Te lo tomas demasiado en serio!
Era un buen consejo. Pasaron por el palacio del Arzobispado y llegaron a la plaza de los Santos Niños y a la Catedral Magistral.
J. señalaba los edificios y explicaba las pasiones, los duelos y las muertes y vicios inconfesables de las gentes que allí vivieron. Todo había quedado impregnado.
Después buscaron una librería. Justamente había una cerquita, se llamaba Notting Hill.
―Lo mejor por el momento está aquí ―y señalaba a los libros que se apilaban en las estanterías―, pero lo siguiente sigue estando allí ―y señalaba la cabeza calva de Félix con ironía.

Cuándo: 22 de Septiembre, sábado
Dónde: Notthing Hill Bookshop. Plaza Santos Niños, 5, 28802 Alcalá de Henares, Madrid

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Presentación de Spanish Texas en #AlcaládeHenares @Notthillbook

¡Compañeros y amigos todos!¡detectives en paro, viajeros y curiosos, ocupados lectores e inapetentes famosos! Sabed que en la hermosa Villa de Alcalá, Patrimonio de la Humanidad por su cultura, su historia y sobre todo las buenas gentes, este próximo sábado 22 de Septiembre, a las 19.30 horas tenéis una urgente cita con J., mi borrachuzo y bilocado detective. Allí os espera para explicaros qué sucedió en realidad con Laura Buendia, a la sazón historiadora de este periodo que algunos osan llamar Spanish Texas. Creo que nos espera una sesión de intriga, humor y quizás despiporre. ¡Id armados y predispuestos!¡No os olvidéis de los niños, los perros y la suegra!

Cuándo: 22 de Septiembre, sábado
Dónde: Notthing Hill Bookshop. Plaza Santos Niños, 5, 28802 Alcalá de Henares, Madrid
Sinópsis:

Laura Buendía es guionista de Spanish Texas, un documental que describe el periodo de tres cientos años durante los cuales Texas estuvo bajo soberanía española. Laura muere aparentemente en un desafortunado accidente y J., alucinado detective de serie negra, deberá elaborar un sencillo informe… que sin embargo desembocará por derroteros inesperados y que dará pie a una fascinante aventura que cruza el Atlántico. Borrachuzo y de seguro perdedor, J. solo tiene a su favor para realizar esta investigación una singular arma conocida por bilocación: sor María de Ágreda ya la utilizaría en el s. XVII y pudo así ser vista en Texas y Castilla a un mismo tiempo. Sueño o estupidez, mediante dichas bilocaciones seremos espectadores de una conspiración inquietante que busca cambiar el designio de mundos conectados.
Estos misterios hacen de Spanish Texas una novela de fronteras: a medio camino de lo policiaco y de lo histórico, de lo procaz y de lo descreído, y en suma, de lo americano y de lo español. Su lectura habla de sociedades en tránsito, poderosas por aquello que comparten y unen, más que por lo que las separa.

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These Exit Times (Thank you for not breeding)

Benjamin escribió:
«Para quien no lo entienda aún… la vida brota por cualquier esquina, por los rincones más oscuros e inhóspitos de nuestro hogar, por ejemplo, cuando no barres y nacen las arañas, o cuando las hormigas o las cucarachas se desplazan por las cañerías y nos despiertan por la noche porque no supimos exterminarlas. Por eso, los que han ido a Marte nos han traído un gran regalo… ¡la oportunidad de comprender que no somos el ombligo del universo!».
Como pro-marciano convencido pensaba que la vida en la tierra era un don. Porque Benjamin era un panteísta y hacía tiempo que había cerrado su corazón al Dios cristiano… tras las setenta veces siete llaves de la peor condena: la rendición de la fe. Si el hombre fue creado en el último día… ¡qué demonios hubiera sucedido si se hubieran olvidado de él! ¿No sería éste un planeta mucho mejor? ¿No seguiría viviendo en el mismo vergel?
Había entrevistado sobre este punto a gente muy particular y de concepción radical en su posicionamiento de especie: aunque especialmente resultó un tal gurú del VHEMT, siglas del Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria o en inglés, Voluntary Human Extinction Movement. Aquello visto por encima y por cualquiera parecía un despropósito. Dejarse extinguir, dar un paso por delante del destino. Su fundador fue Les U. Knight, nacido en Oregón opinaba que la mayoría de los peligros enfrentados por el planeta giraban en torno a la superpoblación. Por eso comenzó a publicar en los años noventa del pasado siglo un singular boletín que llamó «These Exit Times» y que popularizó entre sus seguidores el grito de «Thank you for not breeding».
El tipo del VHEMT en la entrevista de Benjamin le decía:
―No somos una organización política, solo somos un movimiento de ciudadanos preocupados por el planeta, una filosofía. No tenemos líder. No somos unos frikies maltusianos. La raza humana es un parásito que destruye todo. Nuestra concepción de alternativa sostenible es bien simple: sobramos nosotros… mejor que el resto de las especies. Para contrarrestar los miles de extinciones recurrimos a la nuestra, a la humana. Y para ello… nos negamos a reproducirnos. Así de fácil.
Y el tipo hablaba muy en serio: es más, aquellas siglas de su movimiento pronunciadas en inglés significaban «vehemencia», lo cual confirmaba una intensidad dolorosa, a su parecer responsable de su concepción existencial. Vestía de manera muy simple: una camiseta de mangas cortas, blanca, y de algodón que seguramente fuese de agricultura ecológica, con un inmenso logo de la tierra y encima el consabido eslogan que instaba a dejar de procrear de forma inmediata. No llevaba ningún adorno corporal y su mejor arma era una mirada despejada, incisiva, inteligente y sus palabras, las que pronunciaba lentamente, regurgitándolas de la garganta y seguramente de las entrañas.
Luego se marcaba el símbolo de la victoria y soltaba su eslogan: «May we live long and die out» aunque apostillaba que muchos seguidores no estaban de acuerdo completamente con él. Escuchado el discurso de sopetón ponía los pelos de punta a Benjamin. Recibió muchos comentarios online sobre el asunto: aquello en era un filón y lo cierto era que no dejaba impasible a la audiencia. ¡Había que explotarlo! Era, para comenzar, absolutamente antinatural. Violaba cualquier precepto darwinista y muchos pensaban que hasta rozaría el mal gusto. El partidario del VHEMT se ofrecía a contestar cualquier pregunta que se le hiciera:
―¿Qué opinaba de la eutanasia? ¿Y de la castración química?
―¿Qué opinaban de las familias numerosas y de la moral cristiana y de eso que Dios había dicho de «creced y multiplicaos»
Otros eran más mundanales:
―¿Se había hecho la vasectomía o simplemente había escogido el camino de la contención, de la castidad?¿Tenía pareja?¿Follaban a menudo?
―¿Era vegano?
Luego Benjamin realizó la siguiente reflexión y lanzó la cuestión: hizo un recuento de sus familiares y de los familiares de sus amigos más cercanos e intentó contabilizar los hijos, los sobrinos… pero no le llegaban a la media docena; vale que sus abuelos fundaron fecundas familias… aunque ahora… existía un poderoso deterioro… y las nuevas eran una sucesión pírrica de relaciones infecundas… una manada de solteros y desparejados que mostraban que la extirpe occidental caminaba a la extinción… como si aquel VHEMT hubiera contaminado su ideario entre los occidentales. Alguien entonces realizó un comentario en este sentido. Benjamin le dio pasó para retransmitir su voz, una voz grave y angustiosa de varón:
―No me he casado. Mi salario es una basura. Vivo en casa de mis padres. Aunque lo poco que tengo me lo puedo gastar en mí. No me siento capaz de mantener una familia, es muy caro, no puedo comprometerme. No pienso en el futuro, solo puedo pensar en mi maquillaje, en mi moda, en mis gadgets, en salir cuando puedo…
―¿Diría que es feliz? ―preguntó el activista de VHEMT casi merendándose el micrófono y con una mirada ácida
―Por lo menos tengo trabajo. Mis amigos… ni eso.
Benjamin concluía su programa así: «El hombre, este ser superior que dominó la naturaleza, el que había bajado del árbol hace 2 o 3 millones de años, el que inventó el fuego y migró abandonando África y colonizó hasta el Ártico… el que se reproduce hasta la extenuación… el que consume los recursos y los agota… aunque también… el que desaparece»

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El gran silencio

Fermi hablaría de la ingente cantidad de civilizaciones que nos escuchan en el espacio.
Aun así, a pesar del proyecto SETI, de la ecuación de Drake y de cualesquiera de los esfuerzos organizados por escuchar a nuestros vecinos… no había nadie. Ninguna estructura de ingeniería extraterrestre había sido encontrada. Nada. Ningún buque fantasma, atravesando las estrellas. Es el gran silencio. Muchos se afanan en hallar huellas de inteligencia allá fuera, y muchos filo-alienígenas montarán sectas, congresos pseudocientíficos, inundarán nuestros sueños con sus panfletos, harán lo que sea por convencernos, por hacernos ver sus tentáculos verdes, sus ojos inmensos y sus corpachones protegidos por corazas y respiradores. Dicen que cuando Neil Armstrong llegó a la luna se encontró con todo un chiringuito de tubos y estructuras metálicas. Los marcianos tomaban cubalibres o ron y meneaban una bandera roja como la sangre con la hoz y el martillo tatuadas… pero ahora, en serio, quizás allí hubiera una completa base soviética en explotación… pero no había ni rastro de vida ajena a nuestro planeta. Ni la más simple célula.
¿Estamos solos en el universo?¿Somos una excepción irremplazable?¿Una maravilla irreplicable?¿Estamos abocados a extinguirnos si tan siquiera cometiésemos un error y dislocásemos nuestro frágil mundo? Los cristianos dicen que Dios fabricó al hombre en el séptimo día. Los griegos decían que la humanidad fue creada con una mezcla de las cenizas de los titanes y el cuerpo de Dionisio, y por lo tanto existió una chispa divina. Quizás todo se explique por el famoso «chisporrotazo», la creación de Adán, aquella maravilla de la Capilla Sixtina, imaginada por Miguel Angel. Veámoslo:


La creación de Adán

Aquí Dios asume el papel y nos hace realidad. ¿Fue así de simple?
Pero si no hubiera nada más, quiero decir, si todo fueran excusas y justificaciones, y solo hubiera nuestro conglomerado de genes, de moléculas autoorganizadas, impulsadas por alguna ley química de afinidad, y gracias a un feliz acierto en el tiempo o de alguna coincidencia… si somos lo que somos porque el azar no quiso más… si duraremos lo que permanezca nuestra pequeña capsulilla orbitando en órbita alrededor del sol… Si somos excepción desaforada…
Dicen que nuestra vida es un breve fogonazo entre dos perennes oscuridades.
Temo que sea así; aunque a veces siento todo lo contrario. Si me esperase algún tipo de vida eterna, y quizás si exista algún tipo de entidad para enjuiciar mi vida… espero que no sea displicente, que no se severa. Que comprenda mis debilidades. Porque de lo contrario, tomaré mi bonita mochila espacial y buscaré sin tregua otro lugar donde se me quiera.
Y prometo que lo encontraré.

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The Bare Big Thing for living: ¡Busca lo fundamental! #serfeliz

¡Busca lo fundamental!
Aquello que te hará ser feliz tan siquiera al buscarlo:
Y que no será un coche-casa-poder ni lujo ni preocupaciones baldías
¡Será aquello que te dará la savia-sangre!
¡Será aquello que te arranque una sonrisa del estómago!

¡Olvídate del exceso superficial y las grandes obras doradas!
Pues…
¡Aquello que dará a tus años el camino justo es lo que buscas!
¡Aquello que sea simple-justo-y-suficiente!
¡Aquello que venga a tus pies y manos
y te ayude en su danza
a distinguir el adorno,
a separar la paja de la grana!

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Los banqueros y la crisis de productividad del 2020 #elmundoen2051

Los banqueros no entendieron el porqué, no comprendieron que la productividad descendiera tan pronunciadamente y sin tregua entre los años 2020 y 2050, aunque la explicación más tarde fue bien fácil para todos: las máquinas comenzaron a hacer casi todo… y los hombres… se veían arramblados en los trabajos de menor valor. No hubo desempleo, se llamó «inempleabilidad», que quiere decir, que muchos grupos de población nunca podrían conseguir una razón de subsistencia. Era más barato que no hicieran nada, salvo consumir.
Es lo que tienen las tecnologías exponenciales. Solo las máquinas pueden controlar a las máquinas. Solo unos pocos las conoces o cabalgan a sus lomos. Grupos aislacionistas pensaron que “being offline” sería una cura… y fueron los primeros en desaparecer. Muchos en manos de cada vez menos, no siempre los más talentosos, y más, cuando las interfaces eran tan sencillas de gestionar.
Todo vino de antes. A finales del s. XX la gente concebía la tecnología como una panacea, un maná, un camino de oro al cual adherir los sueños de la humanidad. Antropológicamente optimistas, soñadores de máquinas que harían siempre más y siempre más, y una humanidad ociosa, replegada al relajo, a la contemplación de la belleza y su brevedad; fueron aquellas preciosas décadas para los occidentales, las décadas del capitalismo galopante, el atroz despliegue de las factorías y de la automatización rampante. La informática era un dios, qué digo, ¡un Dios con mayúscula!, y la conectividad global se entendía como el mayor exponente de la prosperidad humana. Nadie antes había podido llegar antes a dichos lugares, porque la voz y luego el vídeo nos lo enseñaron todo…
Iríamos a la luna, viajaríamos y colonizaríamos otros planetas, llevaríamos teléfonos en nuestras pulseras y cubriríamos las ciudades de pantallas fosforescentes. Nadie pasaría hambre… porque aquel nuevo señor electrónico nos permitía consumir todo lo inimaginable, seríamos todos completamente ricos y lo fundamental…, sanos y felices, trabajando cada vez menos… y sorteando los peligros de nuestras vidas gracias a la mayor falacia de libertad jamás pronunciada y autocomprada por un grupo humano en los 5.000 años de civilización.
Como se vio más tarde, todo aquel sueño se derrumbó en una ominosa pesadilla.

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