Miss Celie’s Blues #Thepurplecolorinsidemyheart

Dios sabe lo lejos que está el mar si no llueve,
y en el desierto los despertares son
amanecidas sin esperanza;

Pero, oh hermana, no sé hacer nada salvo cantar tu blues
y quisiera dejar claro que vivo ahora desnudo
y mi corazón desnudo
imita todos tus latidos.

Y quisiera ser una ballena blanca
o un toro
o un huracán
o la luna misma, tal y como tú eres;

Y preciso y persigo tu soledad,
porque eres a perpetuidad
Fuego,
y no habrá lluvia fina ni noche negra
que te apague.

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Libro de emprendimiento digital: “Tracciona” o muere

En los albores del siglo XX, el expedicionario Ernest Shackleton puso un anuncio en THE TIMES. Buscaba voluntarios para su expedición al Polo Sur. “Para viaje azaroso, malas recompensas, largos meses de oscuridad, peligro constante y dudoso retorno. A cambio, reconocimiento una vez en casa”. Ahora los emprendedores digitales se enfrentan a parecidas aventuras. En este libro gratuito, que con gran orgullo, me ha publicado Telefónica, reflexiono sobre ello. ¡Espero que os guste!

http://aunclicdelastic.blogthinkbig.com/ebook-tracciona-o-muere-emprendimiento-digital/

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El manporrero de la España cañí (2) #polítificción #mitinveraniego

Cuando llegó el verano todos decidimos ponernos a cubierto y desaparecer de la primera plana de la actualidad. No obstante nos seguían requiriendo en algunos pueblos mesetarios a los que con diligencia respondíamos con un no, prudente, reflexivo, alegando la necesidad del descanso para nuestro candidato. Y sin embargo, por motivos que no comprendemos aún, recibimos el requerimiento desde la Dirección General de confirmar nuestra presencia en uno de ellos. Ni el mejor relacionado ni el más grande, solo un pueblecito de la sierra lindero a Segovia. Pensé que quizás quisieran los de la central hacer amor patrio o algo así. Si bien el calor tórrido de aquella tarde del mitin nos asfixió, aquella solanera perpetúa, pese a los pocos, casi diría, que nulos asistentes que aparecieron, el «candidato» se presentó, encorbatado hasta las trancas, y el discurso bien aprendido.
Menos mal que aún nos quedaba la prensa. El truco era ese, y por eso, antes de cualquier cosa me fui a tomarme unos piscolabis con el delegado de la agencia de noticias, que a bien había querido asistir… era más… quería hasta una entrevista “life”.
El candidato estaba pletórico, eso sí, un poquitín resudado. Temí le estallara aquella vena azul que le cruza la calva y que se le hincha en los momentos de mayor entrega de sus mítines.
Y allí estábamos, no llegaríamos ni quince, escuchando sus palabras, como pequeña prole que recibe la amonestación eterna o la cornucopia dorada de la justicia. Qué bien nos lo pasamos. Conectaron con la cadena local en directo y supimos simular con grititos y clamores y hasta parecíamos muchos más o al menos dimos la impresión de ser tipos muy entregados. Los temas tratados, tengo que decirles que ya no les recuerdos, ni falta que hace. Yo por aquel entonces iba pensando en la piscina y en el chapuzón que me iba a esperar después: la terracita y los pinchos, y mal que me pese la concejala de cultura que estaba aún potable y quién sabe hasta cuándo y cómo terminaríamos aquella noche de verano.

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No Man is an Island #JohnDonne #EuropeisBritain #BritainisEurope @PJHarveyUK

No man is an island entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main; if a clod be washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as any manner of thy friends or of thine own were; any man’s death diminishes me, because I am involved in mankind. And therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee.

 

Ningún hombre es una isla por si mismo, cada hombre es un pedazo de continente, una parte de todo. Si el mar arrastrara un pedazo, Europa sería siempre menos. Exactamente como si arrastrara un promontorio o arrastrara la casa de tu amigo o también tu propia casa. La muerte de cualquier hombre me participa, por que formo parte de la humanidad. Por eso, no preguntes por quien doblan las campanas; Lo hacen por ti.

 

 

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Corrido transtronterizo de J. y su #SpanishTexas bilocado #canciónparalaferiadellibrodeValladolid @AyuntamientoVLL

J. cantaba borrachuzo, con la sor bilocada (era María de Agreda) colgada a las espaldas:

Si me voy a Texas, dejad que antes me muera en los llanos de Castilla,
dejad que mis ojos azules descansen en los palmitos de Urueña,
dejad que mi corazón se parta o se divida, o se multiplique mesetariamente,
dejad que sea un embajador de la España transoceánica.

Y si me voy a Texas,
quiero aterrizar en Houston o en San Antonio,
quiero abrazar a mis hermanos y si queda todavía tiempo,
visitar los cielos limpios de Corpus Christi para dejarme morir ,
si no agusto, liberado,
que tanto dolor ya no me espanta
que no puedo dormir de noche separado por su amor.

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#SpanishTexas se va de farra a la #feriadelibroValladolid @AyuntamientoVLL día 18 por la tarde

El día que J. aceptó ser detective delegaría su destino al designio del sol y sombra. Relegó sus sueños al rincón pútrido de las esquinas que nunca barreremos, con sus arañas depredadoras, sus cucarachas macilentas y todos estos bichos que odiamos y amamos en nuestra casa… pero que estorban.
Aunque J. era mucho más que todo eso, y si bien mirado era un tontorrón, un obseso perseguidor de mujeres (en la distancia), un vil pajillero que había trabajado intensamente para arruinar su vida. Y en la relación anterior de adjetivos debo incorporar lo siguiente: era también un vago.
Con todo lo anterior, digo, que no debamos esperar mucho de él. Al menos esto me contaron. Y cuando la editora me llamó y me dijo que un bufete de la Gran Vía me estaba pagado un guardaespaldas, al principio tuve miedo y luego sorpresa y luego cuando lo vi me indigné y pensé que mala suerte tenía, y que «este tío es un cerdo pero que muy cerdo».
Y J. estaba allí, como un pánfilo, en la caseta, mirando qué sé yo. Vestía todo de negro si bien a fuerza de lavadas la camisa se desteñía. Estaba sentado en una silla, en la jodida silla donde iba a estar sentado yo firmando minutos después. Le sonreí y me presenté. Ni me prestó atención, miraba las colecciones de cine, o quizás fuera una novela de Thomas Mann y luego supe que tan solo leía a Jim Thompson, a lo sumo poemas sueltos de Panero. Luchaba de esta forma, leyendo a los grandes fornicadores, por sobrevivir, y salvar, algo de sí mismo, lo que fuera.
Luego tomó mi Spanish Texas de la mano, leyó su contraportada, abrió una hoja cualquiera y después de releerla me preguntó que por qué querían matarme. Por suerte subieron en aquel momento la persiana de la caseta, y la larguísima cola me obligó a carraspear con fuerza a J. exigiendo abandonara aquel sitio, pues era mi lugar. Finalmente le aparté de un codazo y no pude sino ponerme a firmar. Él se quedó a mi lado custodiándome, con la mano metida en el bolso, en lo que parecía era la pipa. Misteriosamente nadie preguntaba por él. Mis lectores se aproximaban, esperaban su turno y charlábamos, siempre ignorándole. He pensado después si fuera una alucinación de mi memoria.
Hoy me volvió a llamar el editor y me dijo no sé que de Valladolid. Algo del 18, por la tarde, Plaza Mayor, en la gran Feria del Libro de la ciudad. Allí estaré, por supuesto. Y claro, está, a mi lado tendré a este detective bilocado, el tal J.
¡Dios le parta un rayo!

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#SpanishTexas #FeriaDelLibro de Madrid. Retiro. 4 de Junio, Sábado, de 11 a 13 horas, caseta 42, LATORRE LITERARIA

J. ensoñaba con los corridos mexicanos, aunque no menos con los pasodobles de Estrellita Castro. Entre lo ambiguo, lo blanco y negro, lo despechado y lo trasatlántico, J. y Estrellita compartían bilocadamente su piso de Vallecas en una especie de «melee» sincopada. Y se cruzaban los lloros y cantos de la coplista con los pensamientos de J., o quizás fueran los de la Jurado, la Piquer o la de cualquiera de las turgentes divas que convivían también en su mente y que no paraba de escuchar. Apenas abría los ojos con aquellos coros, estos se le colaban insidiosos, y como dardos oxidados le recordaban sus trabajos y menesteres detectivescos: que no era un despertar, era un sobresalir un palmito del coloque perenne del el sol y sombra amodorrador.
Estrellita había dicho que «las madres nunca abandonan a sus hijos». Aquello producía unas lágrimas horrorosas en nuestro detective, una suerte de amalgama de vida (la suya) y de abandono, aquella vida que había sido arrojada por la pila del lavabo, y cuesta abajo se le empujaba atragantándose porque que no le dejaba respirar… salvo quizás si medraba por las noches en busca del recogimiento, reposando en bustos y caderas desconocidas y por los clubes de alterne.
Aquella mañana recibió el insistente recado del bufete. Era una reconfirmación. Debiera irse preparando: en una semana, aquel sábado, entre las 11 y las 13 horas, debiera ser guardián y custodio apolíneo de aquel escritorzuelo, ese tal Félix, en La Feria del Libro de Madrid, caseta 42, LATORRE LITERAIA. Aquella Spanish Texas le estaba fastidiando bastante, pues ni siquiera había llegado el día y ya le reclamaban su atención.
Y le habían enviado un perfil disciplinario del gachó. Su mentón prominente le recordaba al de Lenin. ¿No sería la advocación del revolucionario?¿No sería un retorcido retorno a la civilización europea del finado? Se quedó muy preocupado y empezó a pasar las hojas del libro intentado comprender… ¿quién sino, alguien fuera de sus cabales, escribiría semejante dislate sobre la imaginería y la frontera americana? ¿A quiénes salvo a depravados o tartufos habría de interesar?¿Qué fábula debieran incendiar las hojas para precisar el escritor de protección personal?
La sombra de la tal Estrellita se le apareció de nuevo, si bien aquella vez, parecía transformada e iba cubierta de un intenso manto azulón. Sus ojos inmensos le sonrieron, dijo algo en inglés que no supo entender, y hasta pudo parecer que le lanzaba un beso al aire.
―¡Al menos esta mujer creo que me ama!
Y se arrojó a la cama, entre borrachuzo o seminconsciente, con el dichoso Spanish Texas abierto por la portada y su toro de Osborne, pinchándole con sus astas, casi acechando las ingles.

 

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Firma de #SpanishTexas en la Feria del Libro de Madrid. Retiro. Día 4, Sábado, de 11 a 13 horas, caseta 42, LATORRE LITERARIA

J. tenía por costumbre pasearse entre las callejuelas del centro de Madrid. En realidad se dedicaba a la caza furtiva de infidelidades o a cualquiera de los embustes de malandrín que buenamente le encargaba el bufete donde trabajaba. Perseguía así a las parejitas abrazadas o sobándose, apoyadas contra los portalones de la Gran Vía. Pronto aprendió que era más fácil usar el móvil para retratar aquellos tímidos momentos y fue que abandonó su vieja cámara de carrete. Por desgracia todo fue a peor, cuando mezclaba e intercambiaba los rostros de sus perseguidos, y fue que inventaría una señera epopeya de conspiración e infidelidades barajadas y ficticias, mezclando sin orden ni sentido los retratos de las parejas que espiaba. En suma, fue todo un lío.
Finalmente el bufete le avisó para que detuviera sus casos, y lo más importante, que no siguiera con aquel modus operandi. Tenían una riada de quejas. Y J., en su descargo, les habló de aquellas profundas ensoñaciones que lo dominaban (en realidad, cuajadas melopeas y bilocaciones del alma) y él mismo les sugirió que debería hacer algo mucho más simple, lerdo, y por supuesto, sin salsa ni valor. Lo decía mientras meneaba, casi desarmado, el sol y sombra frente a las narices de su contacto en el bufete.
―¿Entonces quieres ser guardia jurado?
―¡joder, por supuesto!¡Eso es!
―Mira, tenemos un trabajo bastante interesante en dos semanas: un tipejo insulso y ridículo a quien debes custodiar
―¿Un tío importante?
―¡Para nada! Un tipejo calvo a quien la embajada nos ha pedido explícitamente le protejamos
―¡Mmmm! ―se rascó la barriga y eructó― ¿Droga?¡Tráfico internacional de armas!
―…Peor aún… su último libro… Spanish Texas. Ha escrito en él algo que debe hacer cabreado a … a algún pez gordo… de Texas o de Nuevo México… no lo tenemos muy claro… el caso es que firma su novela en la Feria del Libro de Madrid, este 4 de Junio de 11 a 13 horas, en la caseta 42 de LATORRE LITERARIA, y creemos que pudiera ser un escándalo si el supuesto interfecto cabreado se presentase… y te necesitamos para que estés allí, y nos eches una mano protegiéndole… el novelista se llama Félix Hernández de Rojas, apunta.
J. tosió y casi se atraganta del susto. Aquel nombre le venía a la memoria y no sabía de qué. Eso de Texas le recordaba a los corridos, a la frontera, a los búfalos o a los toros, que siempre se liaba con todo esto y cosas así… ese Félix debía ser un pelanas de cuidado. Y ciertamente de cierto famoseo, puesto que J. solo entendía de malas novelas negras o de filosofía de tascas.
―Te llevará apenas un par de horas. Puede que haya jaleo, así que no olvides lo que tú ya sabes ―y señaló, guiñando el ojo, un bulto bajo el sobaco de la chaqueta, y lo que creyó que debiera ser su herramienta de detective… pero que no era sino un gurruño del último Marca, que siempre le servía para acompañar sus insípidas esperas.
J. estaba feliz. Era primavera avanzada. Tenía una excusa para volver al Retiro, apostarse en aquella caseta y esperar a que el escritorcillo terminase de firmar los ejemplares de ese Spanish Texas. Y mientras, contaría los culos al menearse. ¡Ah!, ¡qué ocasión más propicia, entonces, para echar una siestecilla! y allí, recostado al solecito, viajar a todos aquellos mundos transoceánicos, con aquellas aventuras donde él cambiaría el discurrir de la Historia, si es que la Historia tuviera un discurrir pero también un incierto destino por ser mutado.

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El gran mamporrero de la España cañí (1)

Él decía denominarse «mamporrero de políticos» y eso sonaba raro-raro, mucho más si cuando te lo decía lo hacía casi siempre con un tubo de cerveza entre las manos. He olvidado y tergiversado en mis recuerdos tantas de sus historias que los bandos y las siglas se me retuercen y si tan siquiera hubiera de narrarles una de ellas, haría grave apaño a los aludidos. Por eso he decidido callar. Ni miento por error u omisión.
Mi amigo, el «mamporrero», era un tío pagado de sus aventuras. Se decía trabajador del poder, desmembrador de encrucijadas y putero de la realidad. Me decía que en las orgías los ideales o posicionamiento son casi siempre muy relativos: tú encima o debajo es el sustrato básico y después… pues es todo ponerse a hablar y va veremos…
Tuve la sensación que en sus muchas de sus historias inventaba e idealizaba a sus políticos: y no eran ni tan vagos ni tan mediocres, y por otro lado, tampoco eran tan dechado de virtudes.
Y yo siempre les vi, creo yo, un batiburrillo de pasión, orgullo y dinero. Vaya que sí… y sobre todo esto último…
Pues va por ellos estas historias y vamos al lío…

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#ImaginadoCervantes #ImaginadoQuijote #porMaríaZambrano

A veces se imaginaba al esqueleto de Cervantes reclinado sobres los papeles, leyendo así las palabras dedicadas por María Manzano. Ambos se habían lanzado por caminos polvorientos, él había estado cautivo en Argel, ella en México, y ambos ansiaban una oportunidad para que el hombre se lanzara al alba, al alborear, a ese estado de libertad indeciso. A ese estado de reclusión del que tan solo la locura e imaginario de los hombres nos permite escapar.
Por eso y por mucho más Cervantes ideó su Quijote y por eso se lo imaginó también abandonando su hacienda manchega. Únicamente para que María lo reprodujera años después en aquel discurso magistral.
Lo revelador, lo más sagrado llegaría casi 400 años después. Fue Cervantes un tipo callado. Rumiaba su futuro, eso decían, pero él creía sino creaba su futuro, o más bien, lo barruntaba.
A veces él, el Quijote, se imaginaba los huesos de Cervantes, pues fue éste su amo, levantándose, siendo llamado por Cristo como lo fue Lázaro tiempo atrás. Y era su calavera que se reía, y los párpados vacíos, y las cuencas, y todo eso que los muertos echan en falta cuando se nos aparecen.
A veces el Quijote se imaginaba la voz de su escritor que se resignaba y lloraba en soledad, como siempre hacen los muertos. Era a la vez grito y silencio. Porque todos hablaban de él pero nadie se detenía a escucharlo. Nadie se reclinaba sobre las comisuras de sus labios.
Menos mal que María Zambrano aún resistía con las hermosas palabras recitadas en aquel discurso, y entonces se le acercaba y le decía que aún quedarían locos suficientes, locos sueltos para celebrar su no-carnaval. Y es que lo importante comenzaría al día siguiente, pues sería el momento de abrir las tapas y leer sus ingenios perennes.

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