El patrullero y su Banda Navideña #FelizNavidad2017 #LasNavidadessonporloquesecomparte

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Sé que muchos buscarán sentido a mi historia. Sea para ellos, para que alimenten la esperanza en esta Navidad. Para el resto, decirles a su favor, que no puedo demostrar nada. Que no guardo prueba, salvo la de mis recuerdos y la de mi frágil memoria, y que de seguro errarán en sus detalles. Pero que esto que ahora les cuento lo viví, créanme, tal cual lo cuento. Y que si es mi imaginación la que les engaña, pues lo hace sin malicia: y sean estas palabras inocentes.

Decirles cual es mi oficio: el de patrullero. Recién licenciado de la escuela de agentes, había sido asignado a este destino. Y que aquella noche tendría una de mis primeras rondas, aún a pesar de ser la víspera de Navidad. Y no patrullaba por las calles céntricas y hermosas, repletas de colorines, lucecitas y árboles en los centros de las plazas. Pues lo mío serían los extrarradios, las barriadas y los despoblados donde la gente humilde habita. Mi compañero de patrulla solía decirme que no me preocupara, que peores negocios se hacían en el centro y que era más sencillo velar el sueño y la seguridad de todos aquellos ciudadanos de nuestra ronda. Y como soy persona cumplidora, así lo entendí y así lo hacía con ilusión. Sin embargo, aquella fría noche de Nochebuena, dispuesto a realizar el servicio, me sentí especialmente solo y desvalido. Y mi compañero, nada más arrancar y tras pimplarse su habitual bolsa de nachos, se quedaría profundamente dormido: masculló algo que entendí como «Feliz Navidad, amigo, ahorita no me moleste», y comenzó a roncar más alto que la bronca bocina de nuestro auto de patrulla.

Las primeras horas fueron aburridas y no sucedió nada en particular, salvo quizás algún perraco al que casi atropello en un descuido. Finalmente, hastiado, me detuve, dejé a mi compañero siempre dormido, guardando con su siesta el auto, y entré un instante en una cafetería a tomarme un chocolate. Mientras removía los posos del vaso, una extraña visión captó mi atención. A través de la vidriera, y a lo lejos, un hombrecillo disfrazado de Papá Noel trataba de escalar una tapia y de entrar en una casa. Portaba un saco inmenso de tela, casi tan enorme como él, que con extrema dificultad arrastraba consigo. Me froté los ojos. Estaba solo en el local y el camarero había entrado un instante al almacén. Nadie más pudo verlo. Continué mirando y me sonreí. El hombre, que había conseguido llegar a lo alto del muro, se colocó a horcajadas, y cuando estaba a punto de alcanzar un canalón para ascender a la vivienda, resbaló, perdió el equilibrio. Cayó, y debió ser un fuerte golpe, puesto que no se levantó ni se movió. Asustado, salí inmediatamente del local, crucé la calle y fui a su encuentro. Al llegar, seguía todavía en el suelo, inconsciente, tumbado en el suelo, si bien, por fortuna, nada grave le había sucedido, salvo por alguna magulladura. Le intenté despertar. Di aviso a la emisora y mientras llegaban, el tipo abrió un ojo y luego otro. Los tenía, creía ver por la escasa luz, azules, muy hermosos, casi como dos lunas. Comenzó a hablarme en un idioma que no entendí, aunque evidentemente yo sabía a que se refería, pues estaba perfectamente entrenado para estas situaciones: porque prudentemente lo había inmovilizado con las esposas, en previsión de una agresión. Yo me sonreí, malicioso, y comencé a hablarle como si me entendiera:

―¡Menudo trajecito has escogido!¡Y menuda noche para ir a molestarnos!

Luego miré dentro del saco, y vi la gran cantidad de juguetes y notas con nombres y direcciones.

―Veo que ya has hecho de las tuyas. Te debería dar vergüenza, robar a esta pobre gente los regalos que con tanto esfuerzo han conseguido para sus hijos.

El hombre me miraba e intentaba justificarse y señalaba sus manos.

―Deberías haberte descalabrado ―insistí, recriminándole su vil acción

Estaba malhumorado y quizás, en mi enfurruñamiento se me ocurrió una gran idea, una brillante idea para una noche como esta. En la academia me hablaron de fechorías y las habíamos estudiado de mil tipos. Pero siempre había un límite: ¡y aquello lo superaba a ojos vistas! Inconscientemente volví a llamar por la emisora y anulé los refuerzos. Expliqué que había sido una falsa alarma.

―¿Sabes lo que te digo?… que hoy vamos a hacer tú y yo una buena acción navideña.

Ayudé a levantarse al tipo, que a la luz de la farola aparentó ser mucho más viejo y gordo de lo que me había parecido inicialmente; era un vulgar ladronzuelo.

―¿Pero es que no tienes nietos?¿Cómo le da a tipos como tú por destrozar ilusiones de los infantes? ¡Entrar en todas las casas de un vecindario y robarlos! ¡Vamos!

Los dos juntos ofrecíamos un espectáculo lamentable. Imaginen, un patrullero, casi estrenando su uniforme, al lado de un falso Papá Noel, con su viejo traje raído de pega.

Entramos un segundo al bar y le pedí un café. Dije:

― ¡Rápido! Aquí nuestro amigo tiene trabajo que hacer.

El camarero burlonamente se río de nosotros y con la mano señaló otra vez fuera. Giré la cabeza y entonces vi a tres tipejos muy feos y más bien bajitos que nos miraban, y mientras, pegaban saltitos e intentaban auparse. Al darse cuenta de que les habíamos descubierto intentaron disimular. Le dije al camarero que vigilara al Papá Noel un instante y salí fuera. Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que los tres secuaces eran realmente pequeños, apenas me llegarían a la cintura y tenían pelo poblado y largas narices retorcidas. Llevaban unos disfraces verdes cubiertos de una suave lana, similar al traje del falso Papá Noel. Tenían gorros verdes, rematados en bolas blancas. Se pusieron a hablarme muy rápidamente y a señalar a otros sacos que portaban con más mercancía robada. No se les entendía nada, pero yo ya lo tenía claro: Lo que faltaba, saqué mi revolver reglamentario y les apunté. ¡Había descubierto a una banda entera de malhechores navideños!

El camarero, entre risas y frases guasonas, que yo reprendí rápidamente con responsabilidad, me sacó al fraude de Papá Noel y lo alinee junto a los tres diminutos amagos de duendes. Les solté una charla impresionante, siempre he pensado que esta gente hace estas cosas terribles sin entender el daño que causan. Al concluir, orgulloso, les hice recoger los sacos y detrás suyo, comenzamos el reparto.

Así fuimos casa por casa del vecindario, a devolver los regalos que ellos antes habían robado. Pensé, que dadas las horas, y para no crear disturbios de orden público al asustar a sus moradores, tendríamos que dar una plácida imagen navideña, y mediante gestos les expliqué a estos malandrines cómo deberían comportarse en las sucesivas visitas. Inclusive les enseñé a tararear y a acompañarme con una deliciosa imitación de Jingle Bells. A mi parecer, estábamos preparados para devolver toda la ilusión navideña a estos desconsolados vecinos del barrio.

Como digo, fuimos casa por casa. No faltó ninguna. Llamábamos, y dada la hora, salía el padre asustando y velozmente, y previa identificación de mi oficio de patrullero, procedíamos a entregarles sus regalos, tras filiar a sus hijos. Los niños de la casa miraban por la ventana, por entre las cortinas, se reían abrazados a la madre, y no paraban de señalarnos y saludarnos o lanzarnos besitos. Imagino que les impresionaba mi placa, y sobre todo como manejaba y organizaba a todo un grupo de desalmados.

En una de estas viviendas salió un pequeñajo a las escaleras a recibirnos. Me asusté, pero me ignoró, y se dirigió directo al Papá Noel, y sorpresivamente le propinó un fuerte tirón a las barbas postizas. Por suerte y misteriosamente, el desalmado las debía llevar bien sujetas, pues no se cayeron. El viejo no se inmutó y hasta sonrió alegremente al niño. ¡Qué raro!

Pero les juro que salvo algún incidente como este, fue una gran noche. Todos los niños recuperaron sus regalos. ¡Todos!¡No faltó ninguno!

Al llegar el amanecer, y habiendo repartido todos los sacos con los regalos robados, di por concluida la misión. Nos juntamos en un jardincillo y repetí mi soflama, a los que ya, en cierta medida, consideraba mi pequeña Patrulla Navideña. Ellos me miraban con la misma cara de sorpresa de un principio y hablaban entre ellos, preguntándose no sé qué, sin yo entender palabra. No importaba su aparente falta de estilo navideño porque yo sabía que algo había transformado en sus corazones. Porque ser bondadoso los agranda. Y que aunque feos y bajitos, hoy serían un poco mejor que antes. Me despedí, recordándoles lo importante que es cumplir siempre con la ley. Y quedaron allí, en el jardín, montando en lo que parecía un extraño carro tirado por mulas con cuernos postizos. ¡Oh, Díos mío!¡Esos tipos son imposibles, espero que no lo hubieran robado a mis espaldas!

Fueron tiempos extraños pero emocionantes. Yo era muy joven y no creía en esas tonterías de Papá Noel y los Reyes Magos, y ahora me doy cuenta de que es mentira todo lo que antes pensaba.

Al regresar al coche patrulla, realmente estaba de excelente humor. Amanecía un precioso día de Navidad. Mi compañero se comenzó a desperezar y alagó lo bien que había conducido. Sonrío y echo mano a una nueva bolsa de nachos. No había sentido nada de nada, ningún frenazo, ni quiera el ruido del motor. Me hice el despistado y evidentemente no le conté lo sucedido. Porque esta es una aventurilla entre ustedes y yo.

Era ya momento de retornar a la Central y ceder el turno al siguiente patrullero. Tendría tiempo aún de pasar por una churrería y coger algún chocolate con porras, y despertar a mi amada familia.

Había nacido el Señor, y era momento de celebrarlo en Navidad.

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Ha llegado el GaaS, “Government as a Service” #Opengovernment #Democraciayconstitucion

Frases para abrir boca:

La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo.

Montesquieu (1689-1755) Escritor y político francés.

Voz del pueblo, voz del cielo.

Refrán

La ventaja de la democracia sobre las demás formas de gobierno es que no hay en la democracia una casta interesada en sofocar el pensamiento para que no se la discuta.

Ramiro de Maeztu (1875-1936) Escritor español.

Ésta última, claro está, con mucha retranca.

 

 

Tal cual aparece en los telefilmes la historia que aquí narro es brutalmente verídica. Únicamente tuve que deformar algunos aspectos para que no se reconozcan sus protagonistas, a los cuales, pido disculpas de antemano…
¿Por qué será que las historias de este pelaje siempre discurren en despachos a media luz? Será cosa de la intimidad que transforma nuestra apreciación sobre la realidad. Son estancias amuebladas de roble y forradas por libros sesudos, como si la madera y el papel reforzasen la contundencia de aquello que se presenta en su seno. Fue allí donde escuché aquel concepto por primera vez, “GaaS”, de resultas de uno de mis viajes relámpago, husmeando cualquier gran negocio por explotar en breve…. Esta vez fue en una de las nuevas cátedras de tecnopolítica y de ciberorganización en Harvard y mi contraparte era un sapientísimo decano, un viejo expatriado español, huido hacía una década de la crisis perenne y del deterioro de la preponderancia europea a manos de tribus asiáticas. Por lo que nos había propuesto en su correo electrónico pretendía ofrecernos algo realmente fresco, algo muy serio… Las cifras que apuntaba en su bussines plan fueron brutales, y por eso nos interesó, sobre todo por su rápida implantación en el mercado del sur de Europa, los en otro hora llamados países PIGS (http://es.wikipedia.org/wiki/PIGS). Y la coyuntura, la más propicia para realizar un primer piloto sería, según su equipo de trabajo, en la península ibérica, y más concretamente, en nuestra España.
Platón, Ortega y Gasset hablaron del gobierno de los mejores. Henry David Thoreau (http://es.wikiquote.org/wiki/Henry_David_Thoreau), parafraseando a Thomas Jefferson (http://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Jefferson), creía de que el mejor gobierno posible es el que menos nos gobierna. Pero aquel el decano lo explicitó con un vocablo radicalmente novedoso, innovación pura de algo que jamás habíamos explorado hasta ahora: “Government as a Service”, he aquí el poder de la tecnología y del outsourcing de los gobiernos occidentales.
-Escucha hijo, es bien fácil. Las empresas licitan en base a contratos meticulosos, contratos de cientos de páginas cuajadas por cláusulas hiperprotectoras, SLA (Service Level Agreement o Acuerdos de Nivel de Servicio http://es.wikipedia.org/wiki/Acuerdo_de_nivel_de_servicio), descripciones sesudas, detalladas hasta lo indecible. Llenas de garantías, responsabilidades trasladadas a las partes que no cumplen, declaraciones de conformidad, fianzas, duraciones tácitas y prórrogas. Hasta los ciudadanos firmamos interminables contratos con nuestros seguros médicos, en nuestras tarjetas… pero… ¿qué firman los que nos gobiernan con nosotros?
Sacudí mis hombros y sonreí tontamente. Respondí titubeante para ganar algún tiempo.
-…Nada, eso creo…
-Exacto. Tan solo realizan promesas sin ningún valor o carga contractual. Sin riesgo o penalidad por la mentira o la picardía o tal vez la diablura incumplible a sabiendas o no. Y los resultados son visibles. Buscan como seducir nuestros oídos y una vez con la sopa boba… si te he visto no me acuerdo. Ante su mala praxis no podemos romper su contrato, no podemos despedirles, no podemos denunciarles, no podemos cesarles, apenas y solo tras largos devaneos juzgarles. Tampoco valorar los resultados de su gestión, no existe una herramienta tecnológica para ejercer una ciudadanía más directa y participativa. Por eso este tipo de contratos no son posibles… he pensado durante largo tiempo… ejem… Por eso propongo un nuevo modelo de gestión, un “outsourcing” integral del gobierno, quiero decir de nuestra cúpula de poder. Sí, porque necesitamos profesionales que nos gobiernen, experimentados, éticos, hombres que avalen con su gestión pasada los resultados. Como sucede cada vez más en las empresas… una democracia bien gestionada y no secuestrada.
Solté una carcajada. Pensé si aquel hombre me vacilaba o se reía de nosotros. Había cruzado el Atlántico, había madrugado y desorganizado mi agenda para escuchar aquella insensata estupidez…
-No le entiendo, disculpe… -fruncí el ceño, parcialmente confuso. El decano hizo caso omiso a mi expresión y continuó su diatriba.
-Votamos a los partidos, a sus listas y programas, que no son sino una simplona construcción de nuestros deseos. Pero sin herramientas para su ejecución y contraste. Lo que queremos es más o menos lo mismo: prosperidad y seguridad, eficacia para dirigir nuestros países. Que se paguen nuestras pensiones. Que la deuda no crezca y atenace nuestro futuro. Que sigan abiertos los hospitales. Que se creen más y más empresas. Que tengamos una educación que nos haga mejor personas y personas más empleables en el futuro.
-Sí, en eso estoy de acuerdo. Pero que tiene que ver todo esto con el GaaS –había apuntado el nemónico mentalmente pues intuía que pronto habría de manejarlo con soltura
-Mucho. Te pregunto: ¿Qué diferencia los países atrasados de aquellos prósperos?
-Mmmmmmmmmm. Me imagino que lo has pensando y es parte de nuestra entrevista y por lo que desea vernos…
-Sí,… chico listo… sus gobernantes y sus resultados. Su capacidad de asumir retos, su emprendimiento para exigir esfuerzos siendo ellos mismos referente. Y cuando tus gobernantes no son capaces de hacerlo bien… lo mejor es buscar otros nuevos… sea donde sea. Y justo la democracia radica en esto, en que nos gobiernen los mejores pero que podamos revocar siempre su mandato si se exceden o lo incumplen y limitarlo en tiempo y forma. Y si es necesario traerlos de fuera… emplearlos evidentemente como servidores a cargo de los ciudadanos. Por eso lo llamo Goverment as a Service. Un gobierno subcontratado. No nos importa que sean de aquí o allá, salvo que sean eficaces y justos, e igualmente que importamos petróleo o tecnología, podemos importar equipos de gestores para nuestros gobiernos. Todo bajo contrato.
Me hubiera ido al instante. Dicen que son malas ideas aquellas que no pudieras contar en más 15 segundos … y este “elevator pitch” había definitivamente acabado. Debía regresar. No podía escuchar soberano galimatías. Me levanté y él hizo un ademán cortés. Tomó de la mesa un sobre y me lo entregó.
-Entiendo hijo vuestras dudas. Llévese de todas formas esto.

Dentro había una carpetilla, un brochure insensato. Sonreí como pude y me marché. Tomé un taxi. Boston está precioso en otoño. El color rojo incendia los parques. Quizás aquel viejo loco estuviera contagiado por aquella belleza aparentemente sosegada o por el neocapitalistmo brutal de los States. Mantuve un riguroso silencio hasta embarcar en el avión. Intenté hacerme un hueco de silencio para la reflexión. Mi acompañante de asiento era, casualmente, otro compatriota. Un tipo cortés, me dijo que se llamaba no sé que de Roberto y que trabajaba en una multinacional. No paró de describir en el largo vuelo la situación actual como dramática, insostenible, carente de lógica. Habló de la corrupción, de la falta de escrúpulos, de la mentira, de la avaricia, de la apatía constitucional. Luego mencionó Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia. Gobiernos sabios, experimentados, prósperos, cuyos gobernantes eran trabajadores incansables en pos de la prosperidad de todos sus ciudadanos. Un pueblo abierto a una democracia mucho más participativa y tecnófila.

Fascinado y en un rapto de irreflexión le expliqué la idea con pelos y señales. Quizás me tomase por un loco con esto del GaaS pero abrió los ojos y tan solo preguntó:
-¿Cuánto costaría contratarlos?
-¿A quién?
-Quiero decir, a los nuevos equipos de gobierno. ¿Cuánto nos valdría el GaaS a nuestro país?

Le expliqué que existen varios modelos. Uno de ellos podría ser completamente variable, en función de los ahorros conseguidos para el país (el control sobre la deuda) y de la valoración de los ciudadanos sobre los resultados obtenidos en términos de su satisfacción y para aquellos aspectos no mesurables directamente. Algo así como un examen y una votación que valorase la calidad de su gobierno. Le dije que la tecnología podría ayudar bastante, es más, sería un elemento diferencial, puesto que muchos de los nuevos servicios se ofrecerían a través de portales experimentados, algo así un modelo “open-government” generalizado…
Ríanse. Si hubiera dependido todo de aquel ciudadano habría sido la venta más rápida de toda mi vida. Me dijo que aquella idea era un sueño desquiciado pero que no obstante tenía sus dosis de realismo. Y dijo:
-Realmente el poder corrompe a cualquiera. Tras dos mandatos al frente del él el seso se nos ha hecho aguas. Todo consiste, creo, en saber gestionar el cambio, en controlar que nuestros gobiernos operen escrupulosamente bajo el mandato del ciudadano. Y quizás que se sientan, en la mayor medida posible como asalariados, es decir, que ejerzan su servicio bajo el peso… de un contrato…

Fue un viaje muy divertido pues aquel viajero y yo ensoñamos e imaginamos un país sabio y próspero. Sé que el GaaS, de ponerse en práctica, transformaría nuestra sociedad. Seguramente necesite de una población más sabia en términos democráticos, una población ajena al concepto de derecha o de izquierda, una población que vea el futuro como una oportunidad y a los partidos políticos como unos meros ejecutores del futuro común de nuestra sociedad.

Desde entonces no creo en las ideologías y creo firmemente en el GaaS. No creo en representantes que nos adoctrinan, o en democracia indirecta y desligada de la realidad. Creo en la votación directa y en servidores que no representan nuestros intereses, en aquellos que sencillamente los hacen realidad y los ejecutan con ética y sabiduría.
¡Larga vida al GaaS! cualesquiera implementación que mi excéntrico decano haya finalmente decidido!¡Lancemos una campaña ciudadana de crowdfunding!¡Financiemos así su quijotesca línea de investigación innovadora!¡Vivan los venideros y prósperos doctorandos y protosabios del GaaS y sea terciado así este dislate!

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Somos viento

Somos viento y luego accidente.

 

Retengo la primera imagen de mí siendo niño:

Mis padres se acercan a la cama y me cobijan.

Antes fui lo negro

fui silencio y después sé que llega la noche:

quiera Dios que vengan ellos con fuerzas

para socorrerme.

 

Sabemos a tiempo

-su contagio es perenne-

y la muerte

primero es arrullo

pero termina siendo siempre el final grito.

 

Busco: a veces llaman

y miro por la ventana asustado.

Me previene del dolor que palpita

pues no me conviene volverme.

 

Somos viento.

Que sea por no hallar la razón que resuelva el acertijo.

Que sea por atravesar franco la encrucijada.

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#Sueñocon Dios

Me despierto… pero aún Él no ha llegado. Siento que estuvo cerca cuando yo marché. Veo señales escritas en las ventanas, muchos hablan de su Voz o de sus Palabras y aunque lo espero, temo que no habrá de llegar a tiempo.

Fuera todo discurre entre sueños. Aunque yo sueño con Dios, Él provoca con sus silencios y sus ausencias. La Fe mueve mundos, pero este Dios-cosmonauta se debe entretener en la diáfana atmósfera perlada. Mientras, los de abajo, no cejamos de asesinarnos.

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#Sueñoconborrarmipensamiento si miro la montaña #casidevacaciones

No olviden que todo montañero deberá detenerse en la cumbre a descansar. Este reposo debe ser meditado, que la vista suba por las faldas, que recorra los bosquecillos de hayas hasta alcanzar los faldones de los peñascos; y que se enrede en las cornisas para arremeterse contra las nubes del horizonte.

“Sueño con borrar mis pensamientos…”, entonces se piensa. Y se da uno cuenta que no somos más que viento y que vinimos a ocupar el sutil soplo del tiempo que se marcha; y que allá, fundidos con las alturas hay algo en nuestro interior que muchos llaman espiritualidad, pero al que yo suelo referirme con la letanía “no somos nada”: El eco que se deslinda tras las cárcavas.

Picos de Europa

 

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#Scrooge también sueña con el perdón de su fantasma #CuentodeNavidad #CharlesDickens

Scrooge, viejo tacaño, duerme y sueña con las nubes rosa de caramelo, accidentales reposos para tus fantasmas. Acumulas tierra cubierta de minerales, el tiempo que se resbala por las  rodillas, empalagoso relámpago  que siente la noche de baba que se apalanca debajo de la cama.

Es el tiempo relente con el que sueña Scrooge, el perdón y futuro que sobreviene de madrugada.

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Depredador #Ahorasueñocon

Tened en cuenta que el depredador también sueña. Sueña con la caza. Sueña con las víctimas. Con otra, con otra más.

En la noche fría y en el rincón más lóbrego nos los encontraríamos pero ahora el depredador sueña con la luz y el campo, con los espacios abiertos, con la multitud: con el éxito. Ahhh, viejos depredadores protegidos por las sombras. Quisieran con sus zarpas rodearnos el cuello, estrangularnos, bebernos los intestinos o vaciarnos los tuétanos. Por eso transitan fuera de las madrigueras y se disfrazan para confundirnos. Sueñan con el día porque en sus lechos hacinan los huesos astillados de los cazados. Hoy sueñan contigo y tu piel se estremece. Se aproximan de espaldas y te susurran. Los depredadores sueñan y nosotros nos sentimos deseados.

Es el beso frío y dañino: el más amado, el más temido.

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El perseguidor #ElperseguidorquenoeldeCortazar

Arrojamos al tiempo nuestro tiempo

como los dardos son al fuego

o como los sueños innecesarios a las postales rancias.

 

Por increíble que parezca

todo se subsume,

todo se dilata

todo se empaqueta,

 

hasta que por fin,

La Conquista innecesaria ya no conduce a nada:

Es un río de lava solidificado donde quedan

nuestros corazones huecos si antes eran parlanchines.

 

Imagino que muero y velo mi cadáver.

Otros me acompañan y me sonríen y me señalan y me gritan:

-¡Te jodes!¡El gran cabrón que fuiste y lo poco que abultas

ahora!

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