Spanish Texas, en la Semana Negra de Gijón


Spanish Texas, día 7 de Julio, 18.30, Semana Negra de Gijón 2019

¡Se conocían desde hacía tanto tiempo!… por eso J. estaba completamente convencido de que aquel Félix Hernández de Rojas era un pintamonas. Un escritor fake. No era trigo limpio… y había que seguirlo de cerca y olisquearlo. Porque nadie en su sano juicio se atrevería a contar semejantes dislates, aquellas elucubraciones y aventuras que no conducían a nada. Había leído cien veces su novela (decía “su” y se golpeabael pecho) de cabo a rabo, aquella infumable disertación repleta de exabruptos y falsedades, aquel «Spanish Texas» que había convertido a J. en un espantapájaros. Vale que J. no tenía altas aspiraciones ni buscaba reconocimiento en el mundo profesional, y que sus casos él quería fuesen sobre todo simplones, es decir,divorcios e investigaciones irrelevantes… pero ¡joder!, ¡aquel libro le estaba llevando por el camino de la amargura! Desde el bufete no hacían sino pasearlo y exhibirlo y explicar el alto valor de sus superpoderes… aquella bilocación maldita… sobre la cual no hacían más que abusivamente vislumbrar poderosas oportunidades empresariales.

Por eso, y por otras razones que eludo relatar para no ocasionar aturdimiento y tal vez asco al lector, J. masticó lentamente su detallado plan:la venganza para acallar definitivamente al mayor tuercebotas de la historia de la novela negra, si aquel género tuviera el dudoso honor de poder ser representado por aquel aprendiz a escribiente, aquel parlanchín, el botarate de Félix.

El peor castigo para un escritorzuelo es enfrentarse a sus contradicciones, que no a sus fantasmas, porque aquel «frente despejada», como J. había comenzado a llamarlo en sus barruntos, no tenía más intereses que alimentar su ego y… vender, el muy cabrón quería hacerse millonario a costa del pobre J…y de los derechos de autor… y claro, uno ya no estaba para eso.

Ya se lo dejó clarito, cuando le fue a buscar a la salida de la empresa donde habitualmente trabajaba:

―Tú no vas a sacar «naaa» más de aquí. Y ahora dedícate a lo tuyo y gánate el pan con el sudor de tu frente―lo decía mientras se estrujaba los testículos y señalaba con la otra mano al hermoso complejo acristalado.

J. pocas veces se había mostrado tan soez con alguien. Aquel tipo le sacaba de sus casillas. Y sobre todo era un mentiroso: ¡J. no era vago y mucho menos mujeriego!¡le tachaban de machista, de aburrido, de borrachín! Era toda una conspiración, o bueno…tal vez tuviera sus matices… o ¡vale!, ¡inclusive hasta pudiera considerarse y darse por cierto! Pero J. era finalmente el chivo conspiratorio, el sumidero de las inmundicias de aquel degenerado escritor, ¡ojala se le retirase el derecho a escribir palabra alguna porque de su mente solo nacían ciénagas y torcedumbres y oscuridades donde, casualmente, J. siempre habitaba!

Por eso, cuando leyó aquello, día 7 de Julio, 18.30, Semana Negra de Gijón 2019, y leyó el nombre del tal Félix Hernández de Rojas y vio que sería presentado por la pobrecita Ana Ballabriga y que hablarían de «Spanish Texas», comprendió que sería el momentode actuar y detener al degenerado…

Buscó aquella gabardina que hacía siglos no usaba, buscó sus gafas tornasoladas, una gorra vieja y del cajón rebuscó: no era un Star, ni una Beretta, era más bien una pequeña reliquia que luego recordó había robado meses antes a algún crío en el parque…

Pero eran armas suficientes para disparar al corazón del escritorzuelo. Llevaría apuntadas aquellas preguntas que lo descolocarían, que lo humillarían, que harían ver lo inútil y lo charlatán que era.

―¡A Dios pongo por testigo que el muy cabrón pasará una muy mala tarde!

Esto pensaba J. y así, sin cambiar un ápice de los pensamientos, se los transmito, para que ustedes, lectores avezados, tomen sabía decisión y asistan a dicha carnicería… o avisen a las fuerzas de orden y remedien la tragedia que se cierne entre ambos.  

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El español salvaje de Spanish Texas mañana en Alcalá de Henarés en @Notthillbook

A J. le gustaba pasear de vez en cuando con este Félix, le parecía un tipo un tanto particular, un escritorzuelo ingenioso de gran corazón, aunque quizás pelín pedante. Creo que aquel sentimiento de amistad era recíproco, con sus altibajos, claro está. No era que J. fuera un vago o un putero en sentido estricto; no era que se quedará prendido entre las faldas o el sujetador de la camarera en todo momento; tampoco que en sus eternos paseos hablarán de grandes temas, fundamentalmente guardaban silencio. J. se consideraba un esteta, un filósofo del sol y sombra abocado a perseguir fulanas y familias desestructuradas.
En aquella ocasión y para aquel encuentro habían escogido Alcalá de Henares. De noche aquella ciudad vuela. ¡No será por las cigüeñas, que por entonces duermen!, se bromeaban y era la excusa para que Félix le explicará a J. sus desesperaciones: aquello de escribir es casi como un deporte de lucha, un chute metódico, un sueño y un puñetero paraíso.
―¡Te lo tomas demasiado en serio!
Era un buen consejo. Pasaron por el palacio del Arzobispado y llegaron a la plaza de los Santos Niños y a la Catedral Magistral.
J. señalaba los edificios y explicaba las pasiones, los duelos y las muertes y vicios inconfesables de las gentes que allí vivieron. Todo había quedado impregnado.
Después buscaron una librería. Justamente había una cerquita, se llamaba Notting Hill.
―Lo mejor por el momento está aquí ―y señalaba a los libros que se apilaban en las estanterías―, pero lo siguiente sigue estando allí ―y señalaba la cabeza calva de Félix con ironía.

Cuándo: 22 de Septiembre, sábado
Dónde: Notthing Hill Bookshop. Plaza Santos Niños, 5, 28802 Alcalá de Henares, Madrid

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Presentación de Spanish Texas en #AlcaládeHenares @Notthillbook

¡Compañeros y amigos todos!¡detectives en paro, viajeros y curiosos, ocupados lectores e inapetentes famosos! Sabed que en la hermosa Villa de Alcalá, Patrimonio de la Humanidad por su cultura, su historia y sobre todo las buenas gentes, este próximo sábado 22 de Septiembre, a las 19.30 horas tenéis una urgente cita con J., mi borrachuzo y bilocado detective. Allí os espera para explicaros qué sucedió en realidad con Laura Buendia, a la sazón historiadora de este periodo que algunos osan llamar Spanish Texas. Creo que nos espera una sesión de intriga, humor y quizás despiporre. ¡Id armados y predispuestos!¡No os olvidéis de los niños, los perros y la suegra!

Cuándo: 22 de Septiembre, sábado
Dónde: Notthing Hill Bookshop. Plaza Santos Niños, 5, 28802 Alcalá de Henares, Madrid
Sinópsis:

Laura Buendía es guionista de Spanish Texas, un documental que describe el periodo de tres cientos años durante los cuales Texas estuvo bajo soberanía española. Laura muere aparentemente en un desafortunado accidente y J., alucinado detective de serie negra, deberá elaborar un sencillo informe… que sin embargo desembocará por derroteros inesperados y que dará pie a una fascinante aventura que cruza el Atlántico. Borrachuzo y de seguro perdedor, J. solo tiene a su favor para realizar esta investigación una singular arma conocida por bilocación: sor María de Ágreda ya la utilizaría en el s. XVII y pudo así ser vista en Texas y Castilla a un mismo tiempo. Sueño o estupidez, mediante dichas bilocaciones seremos espectadores de una conspiración inquietante que busca cambiar el designio de mundos conectados.
Estos misterios hacen de Spanish Texas una novela de fronteras: a medio camino de lo policiaco y de lo histórico, de lo procaz y de lo descreído, y en suma, de lo americano y de lo español. Su lectura habla de sociedades en tránsito, poderosas por aquello que comparten y unen, más que por lo que las separa.

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Corrido transtronterizo de J. y su #SpanishTexas bilocado #canciónparalaferiadellibrodeValladolid @AyuntamientoVLL

J. cantaba borrachuzo, con la sor bilocada (era María de Agreda) colgada a las espaldas:

Si me voy a Texas, dejad que antes me muera en los llanos de Castilla,
dejad que mis ojos azules descansen en los palmitos de Urueña,
dejad que mi corazón se parta o se divida, o se multiplique mesetariamente,
dejad que sea un embajador de la España transoceánica.

Y si me voy a Texas,
quiero aterrizar en Houston o en San Antonio,
quiero abrazar a mis hermanos y si queda todavía tiempo,
visitar los cielos limpios de Corpus Christi para dejarme morir ,
si no agusto, liberado,
que tanto dolor ya no me espanta
que no puedo dormir de noche separado por su amor.

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#SpanishTexas se va de farra a la #feriadelibroValladolid @AyuntamientoVLL día 18 por la tarde

El día que J. aceptó ser detective delegaría su destino al designio del sol y sombra. Relegó sus sueños al rincón pútrido de las esquinas que nunca barreremos, con sus arañas depredadoras, sus cucarachas macilentas y todos estos bichos que odiamos y amamos en nuestra casa… pero que estorban.
Aunque J. era mucho más que todo eso, y si bien mirado era un tontorrón, un obseso perseguidor de mujeres (en la distancia), un vil pajillero que había trabajado intensamente para arruinar su vida. Y en la relación anterior de adjetivos debo incorporar lo siguiente: era también un vago.
Con todo lo anterior, digo, que no debamos esperar mucho de él. Al menos esto me contaron. Y cuando la editora me llamó y me dijo que un bufete de la Gran Vía me estaba pagado un guardaespaldas, al principio tuve miedo y luego sorpresa y luego cuando lo vi me indigné y pensé que mala suerte tenía, y que «este tío es un cerdo pero que muy cerdo».
Y J. estaba allí, como un pánfilo, en la caseta, mirando qué sé yo. Vestía todo de negro si bien a fuerza de lavadas la camisa se desteñía. Estaba sentado en una silla, en la jodida silla donde iba a estar sentado yo firmando minutos después. Le sonreí y me presenté. Ni me prestó atención, miraba las colecciones de cine, o quizás fuera una novela de Thomas Mann y luego supe que tan solo leía a Jim Thompson, a lo sumo poemas sueltos de Panero. Luchaba de esta forma, leyendo a los grandes fornicadores, por sobrevivir, y salvar, algo de sí mismo, lo que fuera.
Luego tomó mi Spanish Texas de la mano, leyó su contraportada, abrió una hoja cualquiera y después de releerla me preguntó que por qué querían matarme. Por suerte subieron en aquel momento la persiana de la caseta, y la larguísima cola me obligó a carraspear con fuerza a J. exigiendo abandonara aquel sitio, pues era mi lugar. Finalmente le aparté de un codazo y no pude sino ponerme a firmar. Él se quedó a mi lado custodiándome, con la mano metida en el bolso, en lo que parecía era la pipa. Misteriosamente nadie preguntaba por él. Mis lectores se aproximaban, esperaban su turno y charlábamos, siempre ignorándole. He pensado después si fuera una alucinación de mi memoria.
Hoy me volvió a llamar el editor y me dijo no sé que de Valladolid. Algo del 18, por la tarde, Plaza Mayor, en la gran Feria del Libro de la ciudad. Allí estaré, por supuesto. Y claro, está, a mi lado tendré a este detective bilocado, el tal J.
¡Dios le parta un rayo!

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#SpanishTexas #FeriaDelLibro de Madrid. Retiro. 4 de Junio, Sábado, de 11 a 13 horas, caseta 42, LATORRE LITERARIA

J. ensoñaba con los corridos mexicanos, aunque no menos con los pasodobles de Estrellita Castro. Entre lo ambiguo, lo blanco y negro, lo despechado y lo trasatlántico, J. y Estrellita compartían bilocadamente su piso de Vallecas en una especie de «melee» sincopada. Y se cruzaban los lloros y cantos de la coplista con los pensamientos de J., o quizás fueran los de la Jurado, la Piquer o la de cualquiera de las turgentes divas que convivían también en su mente y que no paraba de escuchar. Apenas abría los ojos con aquellos coros, estos se le colaban insidiosos, y como dardos oxidados le recordaban sus trabajos y menesteres detectivescos: que no era un despertar, era un sobresalir un palmito del coloque perenne del el sol y sombra amodorrador.
Estrellita había dicho que «las madres nunca abandonan a sus hijos». Aquello producía unas lágrimas horrorosas en nuestro detective, una suerte de amalgama de vida (la suya) y de abandono, aquella vida que había sido arrojada por la pila del lavabo, y cuesta abajo se le empujaba atragantándose porque que no le dejaba respirar… salvo quizás si medraba por las noches en busca del recogimiento, reposando en bustos y caderas desconocidas y por los clubes de alterne.
Aquella mañana recibió el insistente recado del bufete. Era una reconfirmación. Debiera irse preparando: en una semana, aquel sábado, entre las 11 y las 13 horas, debiera ser guardián y custodio apolíneo de aquel escritorzuelo, ese tal Félix, en La Feria del Libro de Madrid, caseta 42, LATORRE LITERAIA. Aquella Spanish Texas le estaba fastidiando bastante, pues ni siquiera había llegado el día y ya le reclamaban su atención.
Y le habían enviado un perfil disciplinario del gachó. Su mentón prominente le recordaba al de Lenin. ¿No sería la advocación del revolucionario?¿No sería un retorcido retorno a la civilización europea del finado? Se quedó muy preocupado y empezó a pasar las hojas del libro intentado comprender… ¿quién sino, alguien fuera de sus cabales, escribiría semejante dislate sobre la imaginería y la frontera americana? ¿A quiénes salvo a depravados o tartufos habría de interesar?¿Qué fábula debieran incendiar las hojas para precisar el escritor de protección personal?
La sombra de la tal Estrellita se le apareció de nuevo, si bien aquella vez, parecía transformada e iba cubierta de un intenso manto azulón. Sus ojos inmensos le sonrieron, dijo algo en inglés que no supo entender, y hasta pudo parecer que le lanzaba un beso al aire.
―¡Al menos esta mujer creo que me ama!
Y se arrojó a la cama, entre borrachuzo o seminconsciente, con el dichoso Spanish Texas abierto por la portada y su toro de Osborne, pinchándole con sus astas, casi acechando las ingles.

 

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Firma de #SpanishTexas en la Feria del Libro de Madrid. Retiro. Día 4, Sábado, de 11 a 13 horas, caseta 42, LATORRE LITERARIA

J. tenía por costumbre pasearse entre las callejuelas del centro de Madrid. En realidad se dedicaba a la caza furtiva de infidelidades o a cualquiera de los embustes de malandrín que buenamente le encargaba el bufete donde trabajaba. Perseguía así a las parejitas abrazadas o sobándose, apoyadas contra los portalones de la Gran Vía. Pronto aprendió que era más fácil usar el móvil para retratar aquellos tímidos momentos y fue que abandonó su vieja cámara de carrete. Por desgracia todo fue a peor, cuando mezclaba e intercambiaba los rostros de sus perseguidos, y fue que inventaría una señera epopeya de conspiración e infidelidades barajadas y ficticias, mezclando sin orden ni sentido los retratos de las parejas que espiaba. En suma, fue todo un lío.
Finalmente el bufete le avisó para que detuviera sus casos, y lo más importante, que no siguiera con aquel modus operandi. Tenían una riada de quejas. Y J., en su descargo, les habló de aquellas profundas ensoñaciones que lo dominaban (en realidad, cuajadas melopeas y bilocaciones del alma) y él mismo les sugirió que debería hacer algo mucho más simple, lerdo, y por supuesto, sin salsa ni valor. Lo decía mientras meneaba, casi desarmado, el sol y sombra frente a las narices de su contacto en el bufete.
―¿Entonces quieres ser guardia jurado?
―¡joder, por supuesto!¡Eso es!
―Mira, tenemos un trabajo bastante interesante en dos semanas: un tipejo insulso y ridículo a quien debes custodiar
―¿Un tío importante?
―¡Para nada! Un tipejo calvo a quien la embajada nos ha pedido explícitamente le protejamos
―¡Mmmm! ―se rascó la barriga y eructó― ¿Droga?¡Tráfico internacional de armas!
―…Peor aún… su último libro… Spanish Texas. Ha escrito en él algo que debe hacer cabreado a … a algún pez gordo… de Texas o de Nuevo México… no lo tenemos muy claro… el caso es que firma su novela en la Feria del Libro de Madrid, este 4 de Junio de 11 a 13 horas, en la caseta 42 de LATORRE LITERARIA, y creemos que pudiera ser un escándalo si el supuesto interfecto cabreado se presentase… y te necesitamos para que estés allí, y nos eches una mano protegiéndole… el novelista se llama Félix Hernández de Rojas, apunta.
J. tosió y casi se atraganta del susto. Aquel nombre le venía a la memoria y no sabía de qué. Eso de Texas le recordaba a los corridos, a la frontera, a los búfalos o a los toros, que siempre se liaba con todo esto y cosas así… ese Félix debía ser un pelanas de cuidado. Y ciertamente de cierto famoseo, puesto que J. solo entendía de malas novelas negras o de filosofía de tascas.
―Te llevará apenas un par de horas. Puede que haya jaleo, así que no olvides lo que tú ya sabes ―y señaló, guiñando el ojo, un bulto bajo el sobaco de la chaqueta, y lo que creyó que debiera ser su herramienta de detective… pero que no era sino un gurruño del último Marca, que siempre le servía para acompañar sus insípidas esperas.
J. estaba feliz. Era primavera avanzada. Tenía una excusa para volver al Retiro, apostarse en aquella caseta y esperar a que el escritorcillo terminase de firmar los ejemplares de ese Spanish Texas. Y mientras, contaría los culos al menearse. ¡Ah!, ¡qué ocasión más propicia, entonces, para echar una siestecilla! y allí, recostado al solecito, viajar a todos aquellos mundos transoceánicos, con aquellas aventuras donde él cambiaría el discurrir de la Historia, si es que la Historia tuviera un discurrir pero también un incierto destino por ser mutado.

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#Gigante #Gigant #JamesDeanAniversario #SpanishTexas

Él pensó: “esto, precisamente esto será solo mío. Tierra, erial, desierto… pero todo mío”.

Con su horizonte, su vallado, su desolación. Para ser gigante siempre hubo un tiempo donde tuvimos que roturar de la nada, delimitar, ser pionero y nacer. Así fueron los páramos de Castilla o las solanas de Texas y sus gentes de fronteras.

…Lo que fuera cedido al héroe… se le entregó con la voluntad férrea del crecimiento.

 

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