#2051 en #PremioLiterarioAmazon2019

2051 se presenta al Premio de Amazon. Es una edición exclusiva y cata limitada para el concurso… y espero que sea la primera piedra de su publicación formal. Estoy teniendo bastante interés por parte de mucha gente que desearía verla en papel, o por qué no… ¡en el cine!  Para ello solo necesito de tu ayuda. Manda el siguiente tuit o comparte el mensaje en facebook y tus redes sociales:

Si te gusta saber cómo será nuestro siglo XXI, te recomiendo la novela de #2051 en
www.amazon.es/dp/B07VX7RFJZ de Félix Hernández de Rojas, y que ha presentado al #PremioLiterarioAmazon2019. www.eloterodelalechuza.com es su página de autor. 

2051 presenta la vida de Gabriel, aquel que cambiará el mundo con la invención y masificación del «retromind», la novísima tecnología de la memoria. Gabriel es un ser en tierra de nadie: desde su aspecto físico, negro-albino, su origen como hijo ilegítimo, amado pero arrojado lejos de sus padres, solitario y sin embargo acompañado por los muchos que nos hablarán de su épica, un ser que forjará el destino de los héroes del siglo XXI y que narra la historia de la generación postmilenial.
Gabriel nació el 11 de septiembre de 2001, con el desplome de las «twin towers», e inaugura un siglo trepidante de transformaciones. La historia enfoca muchos de los cambios que arrastramos en nuestra sociedad: los relativismos, la transición de la cultura y de sus novísimas generaciones con sus mitos, debilidades y manipulaciones, y, sobre todo, ejemplifica el proceso de construcción de lo que serán los próximos retos para el ser humano: entre otros, su memoria perpetuada y lo digital, o, el acceso a la mente, al cerebro y a sus capacidades mediante los algoritmos: el acceso eterno a la memoria, y puede, que quizás, también al alma.


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El gran filtro de #2051

¿Por qué tan pocas civilizaciones han sobrevivido con algún mensaje? ¿Por qué cuando miramos al espacio y lo interrogamos, fuera aparte de sus maravillas insólitas, no hay nadie fuera, nadie que nos responda? Es esta una pregunta retórica que si bien impresiona es totalmente vacía. Salvo nosotros, no hay otras voces extrañas o desconocidas. No hay nada más, solo sobreviven los restos de nuestros antepasados, sus tumbas, sus registros, sus fantasías o sus números.

Y siempre estuvimos espiando el universo, imagino que esperando cualquier inminente llegada. Los mesopotámicos construyeron el primer calendario e inventaron el sistema sexagesimal: porque sesenta por sesenta representan trescientos sesenta, esto es, los días del año (aproximadamente), la revolución de la tierra en torno al sol, o viceversa, los grados de círculo que completan el orbe terráqueo. Después llegarían los Vedas y su Bhagavata-Purana,y su Krisna y sus avatares de reencarnación infinita… y finalmente fueron los multiversos atisbados por los físicos cuánticos… eran las nuevas puertas del siglo XXI ¡Y habían trascurrido apenas dos milenios!

¿Cuál es la respuesta a este aparente silencio? ¿Si existen otras inteligencias…  por qué no las encontramos? ¿Están tan lejos que nunca podremos escucharlas? ¿Son tan diferentes a nosotros que sus lenguajes de comunicación nos parecen ininteligibles o silentes? ¿O es nuestro planeta una excepción, la perla divinaen un océano de materia negra? ¿Es únicamente fecunda esta pequeña tierra que pisamos?

 Mi respuesta es… que todo es cuestión de tiempo.

Y es que nuestros mejores telescopios, aun cuando aguzan su mirada en lo más profundo, a pesar de abarcar en su extensión al universo, solo lo hacen sobre un espacio en concreto, aquel que se corresponde con el de un momento exacto de la observación humana… quiero decir nuestro limitado presente…o a lo sumo, la de los diferentes presentes de las señales cósmicas que nos alcanzan. Porque recibimos fotos fijas de las constelaciones o de los cúmulos desaparecidos. Instantáneas de las otras eras. Es como hablar con el pasado de forma peremne. 

Además, tenemos la genuina explosión del Cámbrico, un suceso insólito que sucedió hace 500 millones de años en el planeta tierra y que maravilla a los biólogos. Es fascinante saber cómo la vida se multiplicó, se aceleró y se renovó con novísimos patrones genéticos que aparecieron prácticamentede la nada en un suspiro, en una escasa decena de millones de años, prácticamente una nadería. Aquello fue la base de los seres vivos modernos: pues muchos creen que la vida ha viajado oculta, azarosa entre los hielos de los cometas por eones y que esporádicamente y accidentalmente aquella sementera renovada asalta la tierra. Y que al sobrevivir a la entrada en la atmósfera quizás pudiera fecundarla o renovarla exponencialmente… por accidente: La palabra clave se llama germinación. Yo creo que la vida se esconde y luego se contagia así… tímida e insistente.

 Han pasado milenios y el hombre mantiene una profunda esperanza de hallar respuesta. Desde aquellas manos que se reposaron en la cueva de Altamira, esas manos que todavía nos llaman, en un prodigioso despertar de su conciencia e inteligencia. Del tránsito de un simple y porfiado mamífero cazador-recolector a ser la única especie conocida dotada de consciencia plena. Aquel milagro que ahora… las máquinas comienzan a imitar. Porque fuimos hombres por primera vez, fuimos sapiens, el primer día que comprendimos que nuestras vidas tendrían un fin… y que llegaba algo denominado muerte, aquel reducto negro y miserable del que nuncase vuelve.

Este es el gran filtro que hace que seamos una especie maravillosa y terrible a la vez.

Ahora que la muerte ya no llegará, y quizás porque nuestramente sea sintetizada por los sueños del «retromind»… y se almacene y se reproduzca la consciencia las veces que sea necesaria… nuestra mente sea eterna…seamos testigos de esta poderosa transformación y permitamos se represente el último acto, salga a la palestra la génesis del neo-hombre.

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31 de diciembre de 2050

Se dijo durante mucho tiempo que aquellos que viesen colmada su cuarta década de vida llegarían por fin a ser viejos. Aquello sonaba a maldición y tenía su cierto razonamiento. Freddy Mercury murió con 45 años, aunque todos sabemos de qué forma se las gastaba el genio. Fueron el sida, las drogas, inclusive fueron las armas las que trasegaron la vida a otros muchos músicos. Fue también cosa del desamor y del maltrato, esto último para el caso concreto de Billie Holiday. Gabo imaginaba que sería un trasunto del vivir con harta celeridad, consumir el corazón y exprimirlo sin medida, sacarse las vísceras en el escenario, ser la correa de tracción del tambor de la humanidad. Uno puede decidir ser vaca y pacer con la mirada fofa, deambulando del prado A al prado B, esperando pacientemente la feliz hora del matadero, de la gran desollada; o puede tomar partido y vivir-morir.
Évariste Galois murió realmente joven: a los 20. Este matemático se enredó en un juego de pistolas, un duelo contra el campeón del ejército francés. De nada le valieron sus ecuaciones, las mismas que ahora guían nuestros sistemas de navegación. ¡Jodida ironía! Otro que se fue pronto fue Turing, con 42 años. En este caso la leyenda va mucho más allá: era marica y estaba siendo procesado por ello, como lo fue Oscar Wilde 50 años antes, y fue perseguido con ensañamiento público: y finalmente se suicidó con cianuro, y quiso entenderse que sería por sus devaneos con la industria militar y la criptografía clasificada, pero mientras le denigraban, él escribía el siguiente silogismo:
• Turing cree que las máquinas piensan
• Turing yace con hombres
• Luego las máquinas no piensan
Pero todos sabemos que las máquinas piensan… a su manera.
El 31 de diciembre de 2050 Gabo recibiría dos llamadas: a primera hora fue Sancho, que le espetó una ristra de chistes maleducados y le invitaba a pasar aquella noche juntos, con su familia. Él tenía unos suegros que eran «un puro dolor de ojete», y sus cuñados y sobrinos construían un caldo insoportable. La presencia de Gabo no arreglaría nada, pero quizás pudieran cocinar juntos la cena e intoxicar a aquellos energúmenos sin indulgencia. Gabo escuchaba chasquidos en la línea y de fondo un batiburrillo de voces. Sancho era inmensamente feliz con su gente y sentía la necesidad de compartirlo con el que creía un amigo. Gabo se disculpó amablemente porque él cenaría solo. Cuando llegó la hora desprecintó una pizza, la calentó al microondas y abrió una botella de cerveza. Encendió el equipo e hizo sonar su ópera favorita, Alcina. Fue entonces cuando le llamó Benjamin. Benjamin estaba preocupado. Le dijo que aún quedaba una hora para media noche, que podría pasar a recogerlo, tomar las uvas y que después se emborracharían juntos en cualquier garito, pero que, por favor, no se quedará así otro fin de año más. Gabo le contestó que no se preocupase: que tocaba el momento de añorar a los ausentes, esto lo decía obviamente por su madre, y de esperar amaneciese el puñetero año 2051. Él estaba a punto de cruzar la barrera de los cincuenta y creía que podría sobrevivirlo. Benjamin no supo qué responder y colgó el teléfono un poco asustado.
La madrugada del 1 de enero de 2051 fue desquiciantemente fría. Hubo cencellada y parecía que sus mil aguijones quisieran asesinar a sus pocos viandantes. Si se hubiera desprendido alguno de los carámbanos de los canecillos de la casa de Gabo hubieran taladrado el suelo. Gabo salió a primera hora dispuesto a coger una pulmonía o a terminar su tramo habitual de 10 kilómetros por la sierra.
En la carrera sentía su aliento, su jadeo regurgitando su dolor, expulsado un calor asfixiante que indicaba que seguiría vivo una temporada: las resurrecciones tienen estos menoscabos. Cuando los genios superan los 50 dejan de serlo… y se convierten un poco en sabios.

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These Exit Times (Thank you for not breeding)

Benjamin escribió:
«Para quien no lo entienda aún… la vida brota por cualquier esquina, por los rincones más oscuros e inhóspitos de nuestro hogar, por ejemplo, cuando no barres y nacen las arañas, o cuando las hormigas o las cucarachas se desplazan por las cañerías y nos despiertan por la noche porque no supimos exterminarlas. Por eso, los que han ido a Marte nos han traído un gran regalo… ¡la oportunidad de comprender que no somos el ombligo del universo!».
Como pro-marciano convencido pensaba que la vida en la tierra era un don. Porque Benjamin era un panteísta y hacía tiempo que había cerrado su corazón al Dios cristiano… tras las setenta veces siete llaves de la peor condena: la rendición de la fe. Si el hombre fue creado en el último día… ¡qué demonios hubiera sucedido si se hubieran olvidado de él! ¿No sería éste un planeta mucho mejor? ¿No seguiría viviendo en el mismo vergel?
Había entrevistado sobre este punto a gente muy particular y de concepción radical en su posicionamiento de especie: aunque especialmente resultó un tal gurú del VHEMT, siglas del Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria o en inglés, Voluntary Human Extinction Movement. Aquello visto por encima y por cualquiera parecía un despropósito. Dejarse extinguir, dar un paso por delante del destino. Su fundador fue Les U. Knight, nacido en Oregón opinaba que la mayoría de los peligros enfrentados por el planeta giraban en torno a la superpoblación. Por eso comenzó a publicar en los años noventa del pasado siglo un singular boletín que llamó «These Exit Times» y que popularizó entre sus seguidores el grito de «Thank you for not breeding».
El tipo del VHEMT en la entrevista de Benjamin le decía:
―No somos una organización política, solo somos un movimiento de ciudadanos preocupados por el planeta, una filosofía. No tenemos líder. No somos unos frikies maltusianos. La raza humana es un parásito que destruye todo. Nuestra concepción de alternativa sostenible es bien simple: sobramos nosotros… mejor que el resto de las especies. Para contrarrestar los miles de extinciones recurrimos a la nuestra, a la humana. Y para ello… nos negamos a reproducirnos. Así de fácil.
Y el tipo hablaba muy en serio: es más, aquellas siglas de su movimiento pronunciadas en inglés significaban «vehemencia», lo cual confirmaba una intensidad dolorosa, a su parecer responsable de su concepción existencial. Vestía de manera muy simple: una camiseta de mangas cortas, blanca, y de algodón que seguramente fuese de agricultura ecológica, con un inmenso logo de la tierra y encima el consabido eslogan que instaba a dejar de procrear de forma inmediata. No llevaba ningún adorno corporal y su mejor arma era una mirada despejada, incisiva, inteligente y sus palabras, las que pronunciaba lentamente, regurgitándolas de la garganta y seguramente de las entrañas.
Luego se marcaba el símbolo de la victoria y soltaba su eslogan: «May we live long and die out» aunque apostillaba que muchos seguidores no estaban de acuerdo completamente con él. Escuchado el discurso de sopetón ponía los pelos de punta a Benjamin. Recibió muchos comentarios online sobre el asunto: aquello en era un filón y lo cierto era que no dejaba impasible a la audiencia. ¡Había que explotarlo! Era, para comenzar, absolutamente antinatural. Violaba cualquier precepto darwinista y muchos pensaban que hasta rozaría el mal gusto. El partidario del VHEMT se ofrecía a contestar cualquier pregunta que se le hiciera:
―¿Qué opinaba de la eutanasia? ¿Y de la castración química?
―¿Qué opinaban de las familias numerosas y de la moral cristiana y de eso que Dios había dicho de «creced y multiplicaos»
Otros eran más mundanales:
―¿Se había hecho la vasectomía o simplemente había escogido el camino de la contención, de la castidad?¿Tenía pareja?¿Follaban a menudo?
―¿Era vegano?
Luego Benjamin realizó la siguiente reflexión y lanzó la cuestión: hizo un recuento de sus familiares y de los familiares de sus amigos más cercanos e intentó contabilizar los hijos, los sobrinos… pero no le llegaban a la media docena; vale que sus abuelos fundaron fecundas familias… aunque ahora… existía un poderoso deterioro… y las nuevas eran una sucesión pírrica de relaciones infecundas… una manada de solteros y desparejados que mostraban que la extirpe occidental caminaba a la extinción… como si aquel VHEMT hubiera contaminado su ideario entre los occidentales. Alguien entonces realizó un comentario en este sentido. Benjamin le dio pasó para retransmitir su voz, una voz grave y angustiosa de varón:
―No me he casado. Mi salario es una basura. Vivo en casa de mis padres. Aunque lo poco que tengo me lo puedo gastar en mí. No me siento capaz de mantener una familia, es muy caro, no puedo comprometerme. No pienso en el futuro, solo puedo pensar en mi maquillaje, en mi moda, en mis gadgets, en salir cuando puedo…
―¿Diría que es feliz? ―preguntó el activista de VHEMT casi merendándose el micrófono y con una mirada ácida
―Por lo menos tengo trabajo. Mis amigos… ni eso.
Benjamin concluía su programa así: «El hombre, este ser superior que dominó la naturaleza, el que había bajado del árbol hace 2 o 3 millones de años, el que inventó el fuego y migró abandonando África y colonizó hasta el Ártico… el que se reproduce hasta la extenuación… el que consume los recursos y los agota… aunque también… el que desaparece»

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El gran silencio

Fermi hablaría de la ingente cantidad de civilizaciones que nos escuchan en el espacio.
Aun así, a pesar del proyecto SETI, de la ecuación de Drake y de cualesquiera de los esfuerzos organizados por escuchar a nuestros vecinos… no había nadie. Ninguna estructura de ingeniería extraterrestre había sido encontrada. Nada. Ningún buque fantasma, atravesando las estrellas. Es el gran silencio. Muchos se afanan en hallar huellas de inteligencia allá fuera, y muchos filo-alienígenas montarán sectas, congresos pseudocientíficos, inundarán nuestros sueños con sus panfletos, harán lo que sea por convencernos, por hacernos ver sus tentáculos verdes, sus ojos inmensos y sus corpachones protegidos por corazas y respiradores. Dicen que cuando Neil Armstrong llegó a la luna se encontró con todo un chiringuito de tubos y estructuras metálicas. Los marcianos tomaban cubalibres o ron y meneaban una bandera roja como la sangre con la hoz y el martillo tatuadas… pero ahora, en serio, quizás allí hubiera una completa base soviética en explotación… pero no había ni rastro de vida ajena a nuestro planeta. Ni la más simple célula.
¿Estamos solos en el universo?¿Somos una excepción irremplazable?¿Una maravilla irreplicable?¿Estamos abocados a extinguirnos si tan siquiera cometiésemos un error y dislocásemos nuestro frágil mundo? Los cristianos dicen que Dios fabricó al hombre en el séptimo día. Los griegos decían que la humanidad fue creada con una mezcla de las cenizas de los titanes y el cuerpo de Dionisio, y por lo tanto existió una chispa divina. Quizás todo se explique por el famoso «chisporrotazo», la creación de Adán, aquella maravilla de la Capilla Sixtina, imaginada por Miguel Angel. Veámoslo:


La creación de Adán

Aquí Dios asume el papel y nos hace realidad. ¿Fue así de simple?
Pero si no hubiera nada más, quiero decir, si todo fueran excusas y justificaciones, y solo hubiera nuestro conglomerado de genes, de moléculas autoorganizadas, impulsadas por alguna ley química de afinidad, y gracias a un feliz acierto en el tiempo o de alguna coincidencia… si somos lo que somos porque el azar no quiso más… si duraremos lo que permanezca nuestra pequeña capsulilla orbitando en órbita alrededor del sol… Si somos excepción desaforada…
Dicen que nuestra vida es un breve fogonazo entre dos perennes oscuridades.
Temo que sea así; aunque a veces siento todo lo contrario. Si me esperase algún tipo de vida eterna, y quizás si exista algún tipo de entidad para enjuiciar mi vida… espero que no sea displicente, que no se severa. Que comprenda mis debilidades. Porque de lo contrario, tomaré mi bonita mochila espacial y buscaré sin tregua otro lugar donde se me quiera.
Y prometo que lo encontraré.

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Los banqueros y la crisis de productividad del 2020 #elmundoen2051

Los banqueros no entendieron el porqué, no comprendieron que la productividad descendiera tan pronunciadamente y sin tregua entre los años 2020 y 2050, aunque la explicación más tarde fue bien fácil para todos: las máquinas comenzaron a hacer casi todo… y los hombres… se veían arramblados en los trabajos de menor valor. No hubo desempleo, se llamó «inempleabilidad», que quiere decir, que muchos grupos de población nunca podrían conseguir una razón de subsistencia. Era más barato que no hicieran nada, salvo consumir.
Es lo que tienen las tecnologías exponenciales. Solo las máquinas pueden controlar a las máquinas. Solo unos pocos las conoces o cabalgan a sus lomos. Grupos aislacionistas pensaron que “being offline” sería una cura… y fueron los primeros en desaparecer. Muchos en manos de cada vez menos, no siempre los más talentosos, y más, cuando las interfaces eran tan sencillas de gestionar.
Todo vino de antes. A finales del s. XX la gente concebía la tecnología como una panacea, un maná, un camino de oro al cual adherir los sueños de la humanidad. Antropológicamente optimistas, soñadores de máquinas que harían siempre más y siempre más, y una humanidad ociosa, replegada al relajo, a la contemplación de la belleza y su brevedad; fueron aquellas preciosas décadas para los occidentales, las décadas del capitalismo galopante, el atroz despliegue de las factorías y de la automatización rampante. La informática era un dios, qué digo, ¡un Dios con mayúscula!, y la conectividad global se entendía como el mayor exponente de la prosperidad humana. Nadie antes había podido llegar antes a dichos lugares, porque la voz y luego el vídeo nos lo enseñaron todo…
Iríamos a la luna, viajaríamos y colonizaríamos otros planetas, llevaríamos teléfonos en nuestras pulseras y cubriríamos las ciudades de pantallas fosforescentes. Nadie pasaría hambre… porque aquel nuevo señor electrónico nos permitía consumir todo lo inimaginable, seríamos todos completamente ricos y lo fundamental…, sanos y felices, trabajando cada vez menos… y sorteando los peligros de nuestras vidas gracias a la mayor falacia de libertad jamás pronunciada y autocomprada por un grupo humano en los 5.000 años de civilización.
Como se vio más tarde, todo aquel sueño se derrumbó en una ominosa pesadilla.

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Sobre 2051

2051 es la vida de Gabriel o Gabo, aquel que cambiará el mundo con la invención y masificación del «retromind», la novísima tecnología de la memoria. Gabriel es un ser en tierra de nadie: desde su aspecto físico, negro-albino, su origen como hijo ilegítimo, amado pero arrojado lejos de sus padres, solitario y sin embargo acompañado por los muchos que nos hablaran de su épica, un ser que forjará el destino de los héroes del s. XXI y que narra la historia de la generación postmilenial.
Gabriel nació el 11 de septiembre de 2001 y con el desplome de las «twin towers» inaugura un siglo trepidante de transformaciones. El proyecto enfoca muchos de los cambios que arrastramos en nuestra sociedad: los relativismos, la transición de la cultura y de sus generaciones con sus mitos, debilidades y manipulaciones, y, sobre todo, ejemplifica el proceso de construcción de lo que será los próximos retos: de entre otros, su memoria perpetuada y lo digital, o, el acceso a la mente o al cerebro y a sus capacidades mediante los algoritmos.

¡Espero que os guste y me ayudéis a su difusión! La novela está lista y busco un padrino y editorial con ganas de impulsar mi ambiciosa idea.

Aquí teneis alguna degustación de la novela.


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