Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad #COVID19 Día13

La misión de nuestra nueva vida será…

Día 13. No sé por qué… pero he vuelto a escuchar “La Misión” de Ennio Morricone. Hace muchos años en un contexto un tanto dramático de adolescencia la di por perdida, se me escurrió del corazón. Cerré mi mente a estos sonidos, a esta historia. Y ahora vuelve, quizás por ese mismo heroísmo, esa épica y ese dolor de la Misión de la Amazonía. Ayer hablaba con una amiga que tenía a su marido en el hospital, afortunadamente se recupera, y me hablaba de estos tiempos donde vemos lo frágiles que somos. Somos afortunados en nuestros trabajos, tenemos una vida segura y con sentido, y de repente… nuestro espacio se desmorona. Otros con los que hablo me siguen preguntado sobre lo que aprenderemos de esta desgracia. Es cierto que es muy difícil. Ayer leía un libro superinteresante titulado “Moonshots” de Naveen Jain que nos presenta las grandes expectativas del espíritu humano a través de la tecnología. Trata de un mundo rodeado de abundancia, riqueza y audacia. ¡Cuánto contrasta con lo que estamos viviendo!


Y yo quiero aprender con este proverbio chino: “Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.”


Sé que para muchos son justificaciones. Hoy solo tengo abrazos en la distancia para los que sufren.

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Nadie se baña dos veces en el mismo río, pues siempre es otro río y otra persona #COVID19 #Día11

Luce el sol

Día 11. Comenzamos la semana en un país recluido, uno que avanza con temor ante unas cifras disparadas de contagiados y de muertos y con la certeza de que a nuestro alrededor este virus nos está haciendo daño. Es un país herido y con familias que viven separadas o que no pueden ni despedirse. Existen continuas alusiones y llamamientos del colectivo común a la responsabilidad. Una responsabilidad que puebla nuestras calles, nuestras ciudades y nuestros territorios de silencio.

Hemos huido del mundo físico (los que podemos) y poblamos un nuevo cielo, uno digital, uno virtual. Ciertamente muy pronto volveremos, y seguramente ya no seremos los mismos. Por los que se van… y porque los que permanezcan, esperemos lo hagan con el respeto al nuevo curso de los acontecimientos.


El proverbio chino dice: “Nadie se baña dos veces en el mismo río, pues siempre es otro río y otra persona.


Por un deber de cordura personal haré el siguiente ejercicio: ¿En qué puedo ayudar en estos momentos?¿Qué puedo hacer para ser mejor persona?¿Qué puedo llevarme en la mochila para cuanto todo esto pase… pueda pensar… que algo de este drama, por mínimo que sea, mereció la pena?¿Qué estamos aprendiendo?


Hoy luce el sol. Será por algo.

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No temas ser lento, teme solo a detenerte #COVID19 #Día10

¡Ya queda poco para que florezcan!

Día 10. Cuando se lea esto ya será primavera. Según el Instituto Geográfico Nacional habrá sucedido exactamente a las 4:50, hora peninsular del viernes, con la mayoría de nosotros durmiendo. Otros muchos también, cada vez más, en los hospitales.

El país amanece con una enfermedad desbocada. Y el pico de la pandemia, dicen, lo tenemos aún por delante. Acabo de escuchar por la radio que se exigen medidas tales que permitan multiplicar las pruebas de contagio. Lo cierto es que Corea ha detenido la pandemia de esta manera, con evidencias, con KPIs que se demuestren valores extrapolables a toda la población y que sean actuables y no con medidas parciales, manipulables y autocontenidas.

Es el final de esta segunda semana de teletrabajo y vida 100% en la nube y el sabor es agridulce: es cierto y es una evidencia, somos capaces de continuar con nuestra actividad. Ayer por la tarde, por ejemplo, tuve una sesión virtual de mi asignatura de Creación de Empresas Digitales de la que soy profe. Quizás debamos reorientar la asignatura, pienso, quizás este año debamos hacer alguna especie de bootcamp con ideas para dar la vuelta a la situación usando las tecnologías exponenciales y los datos de nuestras aplicaciones.

Pero, a pesar de todo, es doloroso saber que nuestro país precisa de una acción física a muy corto plazo, es decir, de materiales y de pertrechos que tienen que ser fabricados cuanto antes.

Pero dice el proverbio chino de hoy: “No temas ser lento, teme solo a detenerte”.

Porque debemos mantener nuestro pensamiento lúcido y afilado. Nos va a tocar utilizarlo. Y en esta pesada lentitud, actuemos con rapidez. Tenemos que fluir.

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No desesperes: de las nubes más negras cae un agua que es limpia y fecunda #COVID19 #Día8

¡Mañana otearemos el horizonte con mejor humor!

Día 8. Día del Padre. Tengo a mi hijo cerca y a mi padre lejos (¡y sano!). Para muchas familias es un día complicado. Hoy confieso que estoy de bajón, pero no os preocupéis, sigo detrás del teclado. Contradictoriamente a lo que mi espíritu dice, fuera ha lucido un sol estupendo, un sol cuyos rayos atravesaban la ventana. Mi agenda es intratable, si bien debo decir que me libera pensar que intento hacer algo útil en esta secuencia infinita de conversaciones de trabajo. Dicen que lo peor de esta pandemia aún está por venir, como si estas palabras escondieran una terrible maldición, un mal hado, una horrible distopía de la cual no pudiéramos desuscribirnos, porque no existe el botón que diga “exit”.


Y me digo a mí mismo “No desesperes: de las nubes más negras cae un agua que es limpia y fecunda”. Este es el sabio proverbio chino que me releo hoy con intensidad.


También me llegan otras noticias más halagüeñas: ¿será el Favipiravir el remedio que buscamos?¿Aquel que persigue media humanidad con los ojos apretados?¿Será el comienzo del larguísimo hilo de seda?
Ojala.

Mañana otearemos el horizonte.

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El perro en la perrera se rasca las pulgas; el perro que caza no las siente #COVID19 #Día7

¡Me faltan dedos de la mano para acelerar tanto!

Día 7. Día de locura. Decididamente, este día está siendo un túnel sin final. Estamos acelerando. Esto que escribo y que leéis lo hago a matacaballo entre dos Teams simultáneos. Y muchos estamos así. Creo que alguien también me llama por teléfono y seguro que tengo algún WhatsApp pendiente. Luego entra mi hijo y me dice no sé qué y me río. Acierto a duras penas a poner el silencio. La red cuela nuestras comunicaciones con brío, brinca y transmite, pero creo que lo que ahora puede fallarnos son los procesos, la manera de construir nuestras reuniones y de ayudar al cliente, es nuestra vieja cultura de la interacción física que nos constriñe: el cuello de botella son las personas y sus pensamientos. Y lo cierto es que nos reclaman aceleremos estes alto a la nube, ¡más VPNs!, ¡más capacidad!… con un hambre desaforado. Tenemos que lanzar más puentes que permitan este tránsito… ¡todos al mundo online! Y pensar de otra forma. Esta manera lean para llegar a tiempo.

Dice el proverbio chino: “El perro en la perrera se rasca las pulgas; el perro que caza no las siente”… y sé que es contradictorio con todo lo que estoy sintiendo… porque hay algo que me impulsa a correr y correr… salir a cazar…y sé que en este vértigo encuentro cierto consuelo…y que aunque quizás tenga cada vez más claro el horizonte quisiera evitar algún accidente del camino.

Son muchas las lecciones que tienen que aprender los que vivimos así.

¿No será este un primer síntoma del Gran Cambio?

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Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa #COVID19 #día6

A nubes negras en el horizonte… ¡arrojo de héroe!

Día 6. Los mirlos se apoderan de nuestros parques y de nuestras antenas y llenan el silencio de la tarde. Los gorriones se hacen fuertes en las farolas y los balaustres. Los gatos los persiguen y fanfarronean sobre un universo donde los humanos han desaparecido. Siempre queda alguien: el ejercito que patrulla y multa a energúmenos. Y en este panorama todo puede ser online, todo, hasta el límite de lo que dé la red. Ya veo a mis compañeros de Soporte a las Operaciones, otros héroes de esta singular epopeya, en mil planes de contingencia para que nada se caiga. Uno de los activos más valiosos para mantener nuestra cordura de país, la fibra.


Hoy escucho tantos programas de radio que se realizan desde las casas, veo a Buenafuente que muda Late Motiv a su buhardilla. Quizás hasta haya que ir pensando mover las fábricas a la nube… ¿Dónde estamos? En cualquier parte… nuestro pensamiento vuela.


Por eso usaré el siguiente proverbio chino: “Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa”. En sentido figurado, aunque ahora, bajo un sentido físico aterrador, doloroso. Pragmático. Hay nubes negras en el horizonte. Habrá que aventarlas, pero antes, quiero decir, ahora, tenemos que realizar esta reconversión interior. ¿Dónde quedan esas preocupaciones de semanas pasadas?¿Qué tonterías ocupaban nuestros corazones? Ya empezamos a no recordarlas.


Muchos necesitan de nuestra ayuda y es momento de mantener el corazón sereno. Limpiar el polvo de las estanterías y redescubrir aquellos libros que dejamos olvidados en el camino…


Y bailar…

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Cuando tres marchan juntos tiene que haber uno que mande #COVID19 #dia5

¿Cuánto de eficaces podemos ser?

Día 5. Volvemos a la jornada laboral en un sádico ritornelo, ya no en modo prueba, sino bajo el augur de que es lo único que tendremos por semanas y… que nos dure. No tenemos bajas aparentes en los equipos, nos preguntamos por cada una de nuestras familias y todos respondemos con cierta pausa y con la voz emocionada.


Por suerte la actividad se acelera. Hoy he conseguido mantener dos sesiones de Teams simultáneas… ¡os lo prometo! Eso sí, no me enteré de mucho en una de ellas. Creo que tengo dos opciones, o centrarme bien en una sola y abandonar estos experimentos…o tal vez dar rienda suelta y dedicarme a probar con la Tablet también ¡y dar el salto magistral a 3 conferencias a un mismo tiempo!¡y por qué no con el televisor del salón y usar el Chromecast!¡serían 4 a la vez! Todo sea por una sonrisa de mis compañeros que empiezan a verme por todos los lados.


He leído esta mañana este artículo en el Washington Post donde se nos explica las ventajas del aislamiento social para reducir la curva de contagios. Muy interesante… salvo que me encantaría saber en que momento del proceso nos encontramos. ¿Cuánto falta para el final?…¿Cómo?…”Pero si ni siquiera hemos comenzado” debería responderme… ¡Paciencia! Luego subo la cabeza y veo a mi hijo, que me sonríe con la tremenda ilusión de tener a su padre en la habitación contigua todo el día…Y quiere que le ayude en un ejercicio de análisis sintáctico… estos son los momentos maravillosos de la reclusión…


Y ahora viene el tema del proverbio chino de este día: ”Cuando tres marchan juntos tiene que haber uno que mande”. A esto se le llama mando único, control, organización. Es lo que necesita nuestra sociedad, unidad de acción y criterio. ¿Pero nuestros gobernantes estarán a la altura? Yo espero que para comenzar, igual que media sociedad ha subido a la nube… sean ellos capaces de usar estas tecnologías y de construir un gobierno virtual, uno que por robusto pueda salvaguardar así nuestros intereses ciudadanos con indiferencia de la ubicación física… y que gracias a lo liviano y a lo ágil puedan tomar las decisiones correctas. Necesitamos gobiernos del siglo XXI, gobiernos lean. No tenemos tiempo, hay muchas vidas en juego.
Y mañana más.

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Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza #COVID19 #día4

Si eres paciente en un momento…

Creo que me estoy habituando a estos proverbios chinos con esto de la crisis y del confinamiento. Hoy he visto uno que dice “Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza”.
Son momentos de paciencia, de responsabilidad. En este primer fin de semana hemos vivido una especie de tobogán, una huida colectiva, una suerte de sorpresa y de apertura de constantes puertas que nos asustan. Unas detrás de otras, vemos que se abren y que la salida del laberinto permanece todavía lejos. A diferencia de las muchas distopías que leemos, esas que los escritorcillos construimos en nuestras narraciones de ciencia ficción, esta realidad, la nuestra, la que existe, martillea con sentido común: evita acudir en masa para desabastecer los supermercados, construye aislamiento social de manera responsable… ¡no viajes a la playa como si esto fuera un fin de semana que nos tocará circunstancialmente!


En mi casa, cuando miro por la ventana todo me parece igual. El mismo micropaisaje de la semana pasada. Los mismos pájaros que se posan en las antenas y que despiden el invierno. Las bandadas que emigran al sur. Alguna cigüeña camino de su nido. Pero ahora, un poco más lejos y fuera, la naturaleza llama, florece, las hojas se despiertan y nacen. Los campos de un verde intenso con sus florecillas meciéndose.


Y lo más hermoso y lo que más me reconforta es pensar que aquello, aquella belleza permanecerá;  que el mundo se acicala con la próxima primavera… para que cuando todo esto termine y cuando salgamos del encierro… podamos admirarlo.

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El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora #COVID19 #dia2

¡No salimos de casa!

Es viernes. Día 2 desde que comenzamos a trabajar en casa. He leído otro proverbio chino que dice: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora”. Hacemos planes para no salir de casa. Revisamos el estado de nuestras provisiones. Nos alarmamos cuando escuchamos el anuncio del “Estado de Alarma” del Presidente.

sAunque por otro lado y bien mirado, ha llegado el momento de encarar la crisis, sabedores del largo camino que nos espera. Seguimos gestionando temas técnicos de nuestro trabajo, que si la VPN, que si la seguridad de mi portátil, pero cada vez son menos relevantes. Ahora damos por descontado que no habrá más reuniones presenciales con nadie en unas cuantas semanas… ¡y quién las necesita!¡Y tenemos que seguir vendiendo!¡No podemos parar!
Es sorprendente la capacidad de adaptación de mi hijo: empieza a comprender el medio virtual y la realidad de las nuevas herramientas; la clase escucha atenta las explicaciones del profesor… y se responsabiliza de las tareas… luego hace su recreo y le encuentro jugando con sus compañeros… Ahora sí que creo que el conocimiento puede seguir poblando sus cabecitas.
No tenemos que dejarnos arrastrar por el miedo, por la desinformación. Hablemos todos los días con nuestra familia, y démonos una tregua de paz. La bolsa se hundirá, no nos confundamos, porque luego remontará y porque nosotros, como personas, tenemos un cosmos por proteger, el de nuestras vidas y de nuestra salud, el de la economía real.
Hace un día fantástico. Tenemos que sonreír.
Nos necesitamos así.

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Lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar #COVID19 #dia1

“Este es mi nuevo lugar…”

Hay otro proverbio chino que dice algo así como “lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar”.

Lo he traído a colación por la reorganización en nuestras vidas. No podemos lamentarnos ya de lo que estamos dejando atrás. No hay tiempo. En este sentido, por ejemplo, hoy he tenido que cambiar mi pequeño campamento de trabajo, abandonar mi escritorio y usar la mesa de la cocina. Ahora hemos reconfigurado una habitación para mis nuevos tiempos de teletrabajo. El lugar, finalmente, ha quedado mono y ciertamente, me gusta, y desde aquí escribo estas palabras.

Mi hijo se ha hecho dueño del Teams en sus clases a distancia y creo que mañana, si sigue esta curva de aprendizaje, lo manejará mejor que yo. Hoy hemos tenido los compañeros de empresa múltiples interacciones y nos hemos enseñado las casas, nuestros hijos entrando sin avisar y colándose por las pantallas, nos hemos difuminado el fondo de la imagen y luchamos por hacernos a la idea de que las cosas serán así por semanas. Enseñamos nuestros cascos y micros y bromeamos.

Fuera las cosas tienen otro cariz distinto.

El día es despejado y casi, diría que primaveral, y sin embargo la bolsa se hunde. Me da miedo mirar el valor de nuestros pequeños ahorros. El viento se los lleva.

Espero que el gobierno nos aguante. Y que estén aprendiendo a teletrabajar en esa especie de parlamento y administración virtual que se avecina. El valor de las personas y su capacidad para reaccionar más allá de eslóganes y piltrafas de ideas es ahora.

En un rato saldremos a pasear mi familia y espero olvidarme un rato de toda esta pesadilla. Porque por encima de todo me siento un privilegiado, auto-recluido para no contagiar a los más débiles, pero con capacidad de hacerlo, de seguir trabajando en lo que me gusta desde mi portátil. No tengo a nadie enfermo cercano a mí y no debo salir ni ir a ningún sitio, salvo por aquellos espacios que se visitan en la nube sin riesgo.


Este es en realidad el día primero de lo que sea.

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