>Los tiempos de Humboldt (II)

>Humboldt miraba subido a la azotea del torreón. A sus pies una llanura. A sus pies cabezas que se contorneaban, iban y venían ocupadas. Había subido las mil y una escaleras. La mañana despuntaba.

Sabía que éllos lo sabían. Por el momento le era suficiente.

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