La obsolescencia programada

Yo antes me creía un buen ingeniero. Ahora soy un mercader. Los mercaderes aman la hermosura de las monedas y su brillo dorado. Aman sobremanera el devenir de las empresas y sus numeritos azules. Aman la inutilidad dirigida al consumo y la fidelidad de su clientela mal entendida como un coito recurrente: la puta perfecta que te pagase por su fornicio.
Los ingenieros desearían construir un mundo perfecto. Los mercaderes venderlo. Los ingenieros gozan del número y del puente romano. Los mercaderes gustan del barrizal transitado.
Hay días que sueño con mi antigua escuela de ingenieros. Recuerdo sus magníficos profesores y todo lo que aprendí allí. Reconozco las bondades de la tecnología, la felicidad del progreso perenne. Las ventajas de su uso digno. Quisiera entonces edificar una plaza con una gran estatua, poner paredes y llenarla de todo aquel conocimiento que todavía atesoro. Pero luego me despierto asustado porque me doy cuenta que lo que realmente necesito es dinero. Dinero para saldar mis deudas. Que soy un vendedor que sale al mercado, y que mis ventas alimentadas no pueden ser jamás de sueño, y son torpe obligación para alimentar así mis días, y poder dormir un poco más despreocupado, o tal vez casi a pierna suelta (según su resultado), recordando la gentil escuela de ingenieros donde una vez fui niño.

Por eso participio de la quermese de la obsolescencia programada.

Recomendado: Documental emitido el pasado 9 de enero, en la 2 sobre el consumismo y la vida limitada de los productos que compramos. Muy recomendable, reservaros 1 hora.

Comprar, tirar, comprar

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One thought on “La obsolescencia programada”

  1. >Espectacular documental. He oído hablar de él en algunos programas de radio y no me ha defraudado. ¡Que demonios estamos haciendo con esta sociedad!

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