Depredador #Ahorasueñocon

Tened en cuenta que el depredador también sueña. Sueña con la caza. Sueña con las víctimas. Con otra, con otra más.

En la noche fría y en el rincón más lóbrego nos los encontraríamos pero ahora el depredador sueña con la luz y el campo, con los espacios abiertos, con la multitud: con el éxito. Ahhh, viejos depredadores protegidos por las sombras. Quisieran con sus zarpas rodearnos el cuello, estrangularnos, bebernos los intestinos o vaciarnos los tuétanos. Por eso transitan fuera de las madrigueras y se disfrazan para confundirnos. Sueñan con el día porque en sus lechos hacinan los huesos astillados de los cazados. Hoy sueñan contigo y tu piel se estremece. Se aproximan de espaldas y te susurran. Los depredadores sueñan y nosotros nos sentimos deseados.

Es el beso frío y dañino: el más amado, el más temido.

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#soñabaserprincipe #imperioimaginario

 

Soñaba con ser príncipe de su imperio imaginario, un imperio donde tuviera gato, tal vez dos, gatos mansos que salieran a recibirle de regreso del curre. Imperio de cuarenta metros cuadrados y dos habitaciones de luz cristalina. Soñaba con vivir solo, despanzurrado a sus anchas, sin otro deber que regar las macetas o repasar el polvo acumulado. No quería nada, nada salvo una cama, un armario prácticamente vacío y sin ningún libro. Las paredes grises y agrietadas y un cuarto de baño que no compartiría jamás con nadie.

No era necesario dinero ni acomodo ni hipoteca ni hacienda ni obligaciones. Cuanto más era menos para él. Y sin quererlo soñaba con su pequeño ducado, un ducado desprovisto de lujos, una ínsula a la cual los viajeros nunca se acercasen y de la cual él fuera su dueño: sus puñeteros cuarenta metros cuadrados, que no son tumba sino un saloncito ampliado, la cocina compacta y americana, y en una pared un aparador con el retrato en blanco y negro de sus padres.

Hay sueños que atesoramos intensamente, pero que si nos preguntarán los negaríamos a ultranza… pero que deseamos en lo más profundo de la noche. Si viniera el hada buena la timaríamos, mataríamos por ser reyes de un imperio dorado, regado de monedas de oro y diamantes.

Y en realidad tan solo querernos perdernos y que nos dejen en paz.

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Quisiera entender… #teregalo #lossueñosquenotuve

 

Quisiera entender qué habría sucedido de no haberse nunca conocido. Quisiera entender cómo habrían envejecido separados e ignotos, los sueños de sus otras-potenciales-vidas, las noches en vela que nunca habrían compartido, ni la mano de ella reposando, o en la oscuridad, su respiración bronca que tanto le incomodaba.

Lo que no existe no es: quizás como mirar un pozo cuyo fondo sea negro.

Él habría amado otros cuerpos, ella le decía, y aunque siempre se resistía a pertenecerle por completo ella se sentía única cuando estaban tan cerca. Nada es como imaginamos, pero en esta magia la realidad se escribe en minúsculas y somos, palmo a palmo, dibujados por los que nos aman. No hay más.

Y a cada esquina dejamos atrás otra revuelta de nuestro vivir, pero si ellos no se hubieran conocido… sería como sobrevivir sin el brazo derecho, como tener la panza abierta y no desangrarse del todo, como si la aorta del corazón impulsará su aliento al cuerpo inmóvil de un desconocido.

Quieren hacernos pensar que somos uno, tal vez porque el egoísmo vende mejor; Es todo mentira. Somos medio, un tercio, un cuarto, así sucesivamente. Somos amados y somos el ladrillo y la porción que construye la casa, porque esta no se hace solo de una única piedra. Este ladrillo habría existido siempre en cualquier otra vida, en otro hogar, pero ellos tendían a pensar que precisamente en aquella, en la suya, todo había encontrado acomodo, cobijo y sentido.

Sin estos sentimientos nada habría valido la pena. No los hijos, ni la casa, ni el esfuerzo depositado en un plazo fijo sin fin.

Te regalo mi vida”, le dijo un día. Él no lo aceptó. Tan solo quería una porción de sus horas.  “Pero dímelo siempre”, le respondía sonrojado.

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