Penitencia de Don Quijote en Sierra Morena

>Es ya tarde. Una delicada llovizna resbala por el mentón huesudo, las cuencas roturadas y viejas de los ojos, soportadas contra la carne flácida de sus esmirriados mofletes. Y rodeándolo, la niebla, que se apoltrona contra las simas de Sierra Morena: espectáculo atroz de verdura, contoneándose tan fértil en el mes de agosto.

… Más al fondo, una minúscula posada, una pequeña luz encendida…

Aquel mendigo, cansado del trajinar sin rumbo, ha entrado en la fonda y su voz acerada pide descanso. Se mesa las barbas, largas y desfallecidas, para auscultar el tablón de precios. Parece solo tras la noche sola, como la mismísima oquedad de las tumbas abiertas. Hunde su cabeza y rebusca algún billete escondido junto al yelmo abollado. Luego, inmóvil, reza las palabras de su perrillo fiel, Sancho, siempre a su lado.

Mientras rumia la tosca cena, un paisano, tras la barra, acomoda el canal de televisión, pues hoy toca una visita del Principal Caballero, Amadis de Gaula: Mechón encerado, moreno dechado, despotrica sobre la sociedad canalla. Hay un ardiente sabor en sus labios sensuales; son las crónicas de sus amantes, sus aventuras filmadas, por las que los directores de moda suspiran. Orador de masas, alimenta su leyenda con amabilidad.

La imagen del televisor se funde en un halo de interferencias. Parece casi un sueño revivido. Ensimismado, el pobre corazón del Quijote tiembla: ¿Quién le salvará así mesmo del Quijote? ¿Quién heredará su tierra cuando no pueda ya levantarlo de madrugada? ¿Quién terciará por doncellas y desvalidos cuando los caminos se llenen con deportivos y neones atroces? ¿Quién, a gritos, señalará ejércitos enemigos, donde el resto ve tan solo rebaños mansos?

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Así conocí a Leopoldo María Panero

>El primer encuentro no es casual: cada vez soy más escéptico, aunque quisiera imaginar un equilibrio custodiado. Hará cosa de un par de años, aprovechando el día del libro, me di un garbeo por el FNAC de Callao.

Allí, en colaboración con Radio 3, se leían poemas. En realidad, cualquiera podía haberlo hecho. Alguien me llamó para que me apuntara. No recuerdo si fue un amigo o inclusive, un enemigo. Quizás me enviasen un correo electrónico. Por eso, valientemente seleccioné unos versos. Allí me presenté y sin temblar, esperé la anónima cola. Una diminuta muchachita leyó delicados, tibios poemas. Otro, un fragmento sonoro de Rayuela. El anterior a mí, líneas que no recuerdo de un amigo suyo ausente.

Mi epopeya fue breve. Alcé mi voz a las ondas y tal como llegué me fui. Me sentía emocionado, aunque no sabía que lo mejor aún estaba por llegar.

Como premio, en la parte trasera del salón de actos, me permitieron rebuscar, casi a oscuras, en una pila y elegir rápidamente un libro. No dudé y permití que el azar interpretará su comedia: tomé al vuelo un libro de poesía. Era un ejemplar negro, elegante de la editorial Visor. Quizás lo elegí atraído por las exactas palabras “Poesía Completa 1970-2000” y no conocer (bendita inocencia) al autor. Porque el destino es generoso, así me fue presentado Leopoldo María Panero.

“Si no es ahora ¿cuándo moriré?
Si no es ahora que me he perdido en medio
del camino de mi vida, y voy
preguntando a los hombres quién soy, y
para qué mi nombre, si no es ahora
¿cuándo moriré?
Si no es ahora que aúllan los lobos a mi puerta
si no es ahora que aúllan los lobos de la muerte
si no es ahora que está como caído
mi nombre al pie de mí, y boquea, y pregunta
a Dios por qué nací: si no es ahora
¿cuándo moriré?”

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Dije sí

>Receta: recítesen estas palabras para conjurar un momento o fotograma.

………………….

De verás dije sí mil veces /
(hechizado)

de veras recogí correctos excrementos
y los canjeé por ilusiones /

me convertí en payaso de tijeras /
subí y nadé como antes nadie /

de veras volteé mi cadáver y mentí

de veras sí, que dije
y cerré los ojos / como esperando.

Dije sí.

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