Last Border #Fronteras #Democraciaalgoritmica #Identidad

He sido elegido para cruzar la frontera, llamado para ser el último gran vaquero que la traspase. Soy el postrero Ulises y tal vez sea el primero que retorne al lugar de los antiguos hombres para cumplir allí la Misión. Detrás de aquella colina no hay nada, no resta nada pues lo que exista será todo un mundo inexplorado. Y si miras al infinito… la gris planicie que se extiende hasta un sinfín de pedregal… pues será todo eso para mí y para mi Misión… el retornado explorador… y únicamente tengo que pulsar aquel botón, el que deshabilitaba la gran cúpula limitante, aquella cúpula de cristal que nos separa de ellos,… pulsar y cruzarla.
De nuestro mundo conocido habían desaparecido finalmente las fronteras. Los países eran los obsoletos conceptos del siglo XXI. Los países y las naciones que nos diezmaron y nos consumieron. Los que nos hicieron egoístas, vacíos y testarudos. Los que fueron la ocupación de los hombres, orgullosos y tontorrones, los que nos engañaron para que les votásemos. Los que explicaban que había que sentir las banderas y los signos en el corazón como enseña. Los países tenían visados y aduanas y refugiados que esperaban fuera de nuestras naciones absurdas o que se ahogaban en mares revueltos.
Pero hoy todo eso ha desaparecido y ya no queda nada que nos desuna, y la humanidad está por fin toda a salvo. Somos uno. Pero detrás de aquella colina todavía persiste la vieja humanidad. Lo llaman last border, y del otro lado, los que nos abandonaron tras la última revuelta, los mal llamados colonos, siguen aguardándonos con su esperanza de la infinita diferencia, la identidad, la fatal inquina de la desigualdad. Ellos se fueron cuando llegamos al gran pacto porque decían que no teníamos cabida en sus ideales. Nosotros aquí hemos cambiado: ahora nos autoorganizamos con eficiencia y las máquinas nos acompañan, usamos reglas auto-democráticas, usamos algoritmos y contratos para alcanzar la igualdad y la verdad, y las matemáticas, la lógica y la razón nos gobiernan y nos unen. Tú no eres de ninguna parte y lo eres de todas a un mismo tiempo.
Allá quién sabe cómo todavía sobreviven. Dicen que usan el viejo modelo de la polis ateniense, de la diminuta polis enfrentada a sus vecinos, aquella palabra, democracia, a la que todos se asieron para conculcar el bien común. Hablan de un mundo de pasiones donde se votaba cuando un grupo te convencía utilizando los ideales, cuando éramos una marioneta de sus voces y de sus mentiras. Cuando pertenecías a un grupo y aquel pegamento emocional te impedía pensar como el contrario. Cuando nadie contrataba ni validaba un modelo de gestión sino que se adherían infantilmente a una promesa sin garantías ni calidad o compromiso de respuesta.
Tendré que cruzar la frontera para verlo con mis ojos.
Dicen que es como un viaje al pasado. Y en el pasado uno era un mar de emociones, y los que por entonces administraban el interés público, los llamaban políticos, ¿recuerdas?, trasgredían la historia, la memoria y la semántica de las palabras por conseguir… el poder. Todo era retorcido, gastado, manido, parcialista. Ahora que lo recuerdo, todo tenía un motivo simple,… y era el dinero, ¿verdad? Hubo una época donde delegamos nuestra gestión de lo común y la administración de la “Res Publica” a los humanos. La confianza era la moneda intangible que lo pagaba. Donde la pugna se libraba más cerca de la publicidad y de la manipulación. Convencer era confundir. Y lo difícil no era conseguir el poder en aquellos gobiernos, lo difícil era abandonarlo, dejar de lados las prevendas, las ventajas, los vehículos oficiales. Y Cesar tuvo que ser asesinado por su hijo, y los hermanos mordían por mantener la corona dorada y las promesas se volvían azucarillos cuando tocaba cumplirlas a los poderosos. Y lo fácil que era convencer a una masa, a una multitud para que enfrentara a otra… y lo complejo que era ponernos todos de acuerdo.
Yo soy un cowboy que cruza este last border. Tras ella sobrevive una humanidad que usa de la relatividad para crear el enfrentamiento y que usa del orgullo y de la identidad como bandera. La humanidad que busca la diferencia para arrojarla a la cara, para trazar fronteras.
Soy el último cowboy y espero que la debilidad no haga temblar mi caballo. Y es que aquella humanidad es un monstruo peligroso. He sido elegido para portar un mensaje de piedad. Quizás pueda hacerlos ver la fragilidad de su ficción, de su fantasía. Quizás comprendan que nuestra enseñanza de igualdad precise de la última lección aprendida: y queremos que nuestra última frontera, este last border desaparezca, queremos trazar el gran puente que cruce sobre el pedregal, sobre la colina y ser todos al fin hermanos.
Esta es la Misión. Llevo en señal de amistad la entrega de esta última frontera, la que sabemos nos protege de su locura. Porque somos el hombre nuevo, el que supo crecer, el que supo como deshacerse del odio.
Pienso que quizás muramos al desvanecer nuestra protección. Que quizás traiga con mi vuelta el peor de los venenos, y está frontera derribada sea la puerta abierta a otras miles nuevas. Aunque nada de eso ya importa…
O quizás ya no quede nadie con vida al otro lado y quizás hayan muerto enrabietados. Sean lo que siempre quisieron ser y así se convirtieron, finalmente, en un desierto estéril.

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