2013 o el año que se asó la manteca

A Mikelow, por año nuevo, le regalaron un libro de poemas que decía más o menos lo siguiente:

Increíble / porque llegó el tiempo de la manteca, el crudo y final desenlace vano, / como cuando te levantas de madrugada, /y por cierto, haciendo frío / y en el cielo se dibuja un color «blur», un sabor a ombligo y a sexo, / un olor a masturbación plácida.

Mikelow disfrutaba con aquella basura pseudoliteraria. Se entretenía desentrañando el galimatías de sus versos, flagelándose, expiando sus miserias. Se preguntaba, “¿Qué cojones es aquello del tiempo de la manteca?”

Había comprado también el periódico aquel primer día del año y allí se leían banderas barajadas en colores y tipos que bajaban de Audis a toda prisa: eran los trovadores y talibanes y comerciantes de mercurio que habrían follado a sus hermanos por tan siquiera un trozo más del queso del poder. El parmesano embriaga, aunque sin duda, el curado de oveja, si viejo, es el mejor…. ¿o tal vez no?… ¡No!… porque en realidad lo que más les gustaba, aunque nunca desentrañarían su secreto ni lo reconocerían aquellos poderosos, era el tiempo dedicado al asado de manteca.

Y Mike sonreía amodorrado, al repasar los artículos del periódico, aquel primer día del año.


 

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